El diario de mis lunas y su reporte desde una isla




Llegué a la isla de Holbox el sábado 6/julio.
Mi cuarta estadía en dos años desde que me acogió toda hecha un suéter de hilos destejidos, inservible hasta para cubrir mi propia sombra.
Antes de mi llegada crucé un largo túnel, una larga noche que me había durado más de un año, quizá año y medio. Viví un largo eclipse. Antes a él, el desierto.
¿Cómo es eso?
Creces, caminas, te miras en un espejo y no reconoces nada. El dibujo del cuerpo sin alas, el corazón hecho corazas... entonces, sigues estudiando, "preparándote". Recibes una carta, la abres al salir de un triste hospital, los signos son positivos pero el aire apunta en el cabello y en las ramas de los árboles de la tarde que habrá tormenta, una larga y temida tormenta. Un viento más suave se pasea por el cuello y dice, no te preocupes, no será eterna.
La tormenta no, pero nuestras decisiones sí.
Así que he venido cruzando una tormenta. Me he convertido en navegante, de desiertos, de mares, de selvas, de bosques y en barrancas.
Salí de mí. 
Siempre protegida.
Pero salí de mí.
Ahora entiendo que no he tenido compañía, que quizá en ciertos recorridos he acompañado a otros, pero mi viaje sigue siendo por mucho un viaje solitario.
Distinguir el camino de las decisiones no es un trabajo ni científico ni que se tome al azar. Tomar decisiones es como dirigir una gran barco... comienza uno observando cómo lo hacen los que tienen más experiencia, después de a poco uno toma un instante el timón y comienza a dar los primeros giros... sentir el mar, el camino, los vientos, las direcciones.
Tiene una que ser muy observadora. Si no el barco lo dirige alguien más y una se suelta, se deja llevar.
Toda una vida.

Antes de llegar a la isla tuve mis primeras conversaciones reales con la Luna. Subir y mirarla, hablarle con el corazón abierto, quebrado en llanto. Seriamente. Lentamente. Acobijada entre las mantas que yo misma tejí en lo que intenté fuera un hogar... cuando eso fue imposible subí a la azotea y ahí comenzó todo. Quizá desde octubre del 2010, hablarle como si fuera una mujer que venía de mí misma pero de todas las edades, del Tiempo que una creo cuando nació a la vida como Mujer. Me conecté con su luz, con su distancia y su cercanía y la fui sintiendo parte mía.

Honestamente le dije que aquel no era el camino que yo había elegido. Había estado envuelta en una espiral que yo misma había creado por emociones confusas, por falta de claridad en mis intenciones, por no definir claramente mis deseos, quién quería ser, cómo... sólo sabía que quería estar al lado de la persona a quien más quería.

Paso #1 para estar con alguien: Ser amigos
Paso #2 para estar con un amigo: ser primero amiga de ti misma, y él de sí mismo.

Ser reflejos los unos de los otros. No apagarse la luz para que sólo brillen los ecos de lo que nadie es.

En fin, hoy inicio el reporte de mis lunas inspirada por mi propio camino, por mis propias charlas con la Luna desde 3 años atrás. Por lo que ella me dio y me mostró al pisar Holbox desde el 2011 y por lo que ahora me vuelve a pedir, a mostrar. Esto es crecer.

Gracias también a la mujer que cosecha y siembra, que abraza y acoge, prefiero no decir su nombre. Pero con ella llegó el libro Luna Roja de Miranda Gray, cuya dedicatoria de la autora al libro que ahora esta mujer me ha prestado, expresa lo que sigue:

"Enjoy your cicles,
Dance your dreams,
Create your world".

feb.2013, Miranda Gray.


Sofía Blm, desde Holbox, julio2013.

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Círculo de luna nueva, 22 de mayo, 2020