Færslur

Sýnir færslur frá desember, 2012

De hogares y hogueras... de cordilleras y corazones

Mynd
Con esas cuatro palabras se describe una búsqueda. Hace unos días volví de la montaña. Dentro de la sierra madre oriental, las cordilleras entre Veracruz y Oaxaca... Y entendí que las palabras tienen su peso contenido en luz. Y que la oración se respira, y que María abraza en el aire. Y que todas las religiones son cultura y que la fe, mi fe, es mi ceiba que toca el cielo. Soy un árbol que crece hacia arriba y hacia las profundidades... luz y oscuridad pero que todo nutre. Todo va a estar bien, o quizá mejor.

De la cuenta de los días

Visitaba, de vez en cuando, el sitio que un día abandono. Se acercaba sigilosamente a sus ventanas con solo abrir su corazón. Abría las cortinas de forma lenta y con precaución de tal manera que al cerrar los párpados y mirar a su interior sus ojos eran ese par de dedos descorriendo aquel telón. Metía su nariz para rescatar ese olor, el de los recuerdos humedecidos y ecos perdidos en algún rincón. Las hojas del árbol pintado en la pared se caen sin pretender ser notadas por nadie los habitantes sonámbulos lo último que miran es el color de las paredes, murales, grietas, líneas perdidas de cualquier cuento escrito en la pared. Ella visita de vez en cuando sus hojas de papel Ella mira hacia la izquierda de reojo y se encuentra de nueva cuenta sentada en la azotea, tercer piso, edificio verde, lozas amarillas. Quien no deja de atisbar a su centro, al cielo, a sus noches, a sus estrellas y sus nuevas cartografías es un diminuto satélite que aparece a lo lejos... ...

Islas Afortunadas, Fernando Pessoa

¿Qué voz resuena en las olas que la voz del mar no es? La voz de alguien que nos habla y que, si escuchamos, calla por ponernos a escuchar. Sólo si, medio durmiendo, sin creer oír oímos, nos habla de la esperanza a la que, niños dormidos, durmiendo le sonreímos. Son islas afortunadas, tierra sin ningún lugar donde el Rey vive esperando. Si nos vamos despertando, la voz calla, sólo hay mar. AS ILHAS AFORTUNADAS Que voz vem no som das ondas Que não é a voz do mar? É a voz de alguém que nos fala, Mas que, se escutamos, cala, Por ter havido escutar. E só se, meio dormindo, Sem saber de ouvir ouvimos, Que ela nos diz a esperança A que, como uma criança Dormente, a dormir sorrimos. São ilhas afortunadas, São terras sem ter lugar, Onde o Rei mora esperando. Mas, se vamos despertando, Cala a voz, e há só o mar.
(…) ella era agua que sabía a vino; donde llegaba se oía la luz. Era la estrella en el invierno blanco. Era blanca y hermosa como el pueblo donde nació. Ella me queda, me vive en mí, me llama como un remordimiento. fragmento de "La muchacha y el Danubio", de Marco Antonio Campos