Poesía de Paulina Vinderman
Invenciones del viento Pertenecer. Pertenecerse. Un lugar para estar y un lugar para morir. Sabíamos sin decirlo cuál era el lugar y la cantidad exacta de aire que había que aspirar para llegar a él. El viento era el amo, pero era sabio y fuerte y si nos estrujaba demasiado, aún como muñequitos tambaleantes de papel pintado cruzaríamos el río. Pequeños dioses de viento y de papel. ¿Por qué nos abandonaron? La poesía era el lugar y sigue siéndolo aquí. Pero este llano, este desierto... Yo no soñaba sino con pinos dorados. Yo pensaba en romper la música y dibujar con palabras el aliento de los pinos. Pertenecer. Pertenecerse. Obtener agua y continuar ensombreciendo el sol con las verdades. Sobrevivir. ¿Es ésto lo que queríamos? Queríamos vivir, no sobrevivir. Y qué es el poema sino un puñado de pájaros muertos en la mano. Y qué es el poema sino un disparo al sol desde detrás de un peñasco de colores. Y qué es el poema sino sobrevivir entre piedras calcinadas y antiguas. El laúd está roto...