La añoranza me llega en domingo, porque ese día descanso y tengo tiempo de volar cometas sobre cielos lejanos... y justo la añoranza (o añoralgia si le azucaramos la nostalgia que al fin es lo mismo)... es como una cometa en el cielo: la miro lejos de mí pero soy yo quien la sostiene, con un frágil hilo que ningún viento es capaz de romper. Pues bien, hoy la añoranza me trajo el recuerdo de Antoine de Saint-Exupéry, mi autor favorito (aunque no me gustan las cosas favoritas o las cosas preferidas -no me gustan las colecciones ni las selecciones-, no me gusta dejar cosas fuera y otras dentro, podemos organizarlas todas en su lugar y listo). No te llamaré favorito Saint-Exupéry, digamos solamente, amado: Si mi amado Saint-Exupery pasara unos días aquí en la isla, se daría cuenta que hay lugares en la Tierra donde lo esencial sí es visible a los ojos. (Y que el amor tiene muchos nombres)... lo bajaría de su avioneta, le presentaría a niños-pájaro, a hombres-tiburón, mujeres-b...