La mandaleidad
Así le llamo yo a esta forma de sentir y pensar los círculos. De contemplarlos como una serie de redes entretejidas. En donde cada hilo de la trama y de la urdimbre lo vamos tejiendo una a una. Como calendarios de estaciones, como telarañas despejadas de donde pende el rocío, las gotas de micro-universos que coexisten con otros un poquito más grandes, pero líquidos... Con posibilidad de evaporarse, o fundirse, o escurrirse solos. Comencé pintando mandalas, es más... lo tomé con mayor seriedad desde que Oriana llegó a la cañaba en la selva maya con su libro engargolado de Mandalas y crayones. Se sentó a la mesa como niña pequeña recién llegada a sus vacaciones con su amiguita que jugaba en el sur con la arena y la playa. Recuerdo aún su imagen, el calor del día, los árboles tras la ventana y ella con sus hermosos ojos rasgados comenzando a pintar su silencio en un mandala. Semanas después liberó las esquinas de su cuadro, del marco en que simulaba una postal de al...