M
Lo primero que hice fue trenzar mi cabello. Me lo llevé a un lado del cuello. Y antes de cortarlo decidí no hacerlo. La trenza era un símbolo de mi relación con la vida y con la belleza. Con mi "m" de mujer. Después junté todas las hojas de papel las había dispersas por cada rincón. Mi habitación era un mundo de palabras sin espejos. Y jugaba conmigo misma como si fuera una muñeca a rehacerme una y otra vez las historias las páginas de los diarios perdidos. y mi cabello era el único testigo de los cambios, del tiempo del desatino. Después salía a la luz en la habitación sólo iluminaba una lámpara de papel cilíndrica y su color ambarino daba más sueño que ganas de vida. Afuera en el jardín sin flores junto a mi gata gorda y aburrida me leí las historias con mi trenza del lado y el canto de las ninfas en su jaulita blanca. La vida era un respiro silencioso que alguien en algún lugar exhala si mis palabras no tuvieran alas yo vi...