Un cuento
El solitario Huyendo vas nocturno al reino de lo verde. Te busco para hacerte compañía, hallo consuelo en tu abandono. Tú parece que detienes el curso de tu sueño Y me sonríes. Cada noche te encuentro en un lugar distinto. Camino junto a ti, paseamos cogidos de la mano. Atravieso el puente que conduce a las sombras Y el que me lleva a la luz. Me llama tu voz desde tus sábanas de niebla. Tu lecho Me invita a dormir un sueño sin futuro. No sé por quién te mueves. Nadie te ha descifrado todavía. El solitario Elena Garro. París, 1950. Huyendo vas nocturno al reino de lo verde. La primera vez que escapamos en realidad lo hice yo primero. Rafael me siguió. Jamás le pregunté en qué momento decidió hacerlo, qué cosa pasó por su cabeza. ¿Fue mi ausencia la que lo llamó?, ¿en dónde se encontraba él? Sólo recuerdo que mis lágrimas resbalaban sin miedo, silenciosas y pesadas, caían atropellándose unas a otras porque aquel lugar y aquel momento...