Færslur

Sýnir færslur í flokknum mis cuentos

La música de los árboles a través del tiempo (cuento inédito)

El antiguo reloj en el andén marcaba las 3:00 am. Sus ojos adormilados parpadearon, el tren había llegado a su destino. Una espesa neblina empañaba el brillo ámbar de las farolas y cubría por completo el cielo de una olvidada noche de luna llena. La gente del pueblo dormía entre densas cobijas de nubes. Sólo las chicharras mantenían junto a los grillos un ritmo de vida entre las sombras. Se llevó los puños a los ojos, respiró profundo y reconoció el suave silencio de calles angostas, desiertas y húmedas, salidas de un cuento imaginario, tal como salió él.                 Apenas otoño. El mundo era un vitral ocre que traspasaba una luz sepia, añeja; con respirar aquella luz ya estabas de nuevo en los años treinta. Al atardecer, incluso al anochecer -a esas horas en donde los fantasmas adquieren cuerpo y se bañan de una luminosidad azul índigo-, así apareció ella ante sus ojos. El perfume que la envolví...

Un cuento

El solitario Huyendo vas nocturno al reino de lo verde. Te busco para hacerte compañía, hallo consuelo en tu abandono. Tú parece que detienes el curso de tu sueño Y me sonríes. Cada noche te encuentro en un lugar distinto. Camino junto a ti, paseamos cogidos de la mano. Atravieso el puente que conduce a las sombras Y el que me lleva a la luz. Me llama tu voz desde tus sábanas de niebla. Tu lecho Me invita a dormir un sueño sin futuro. No sé por quién te mueves. Nadie te ha descifrado todavía. El solitario Elena Garro. París, 1950. Huyendo vas nocturno al reino de lo verde. La primera vez que escapamos en realidad lo hice yo primero. Rafael me siguió. Jamás le pregunté en qué momento decidió hacerlo, qué cosa pasó por su cabeza. ¿Fue mi ausencia la que lo llamó?, ¿en dónde se encontraba él? Sólo recuerdo que mis lágrimas resbalaban sin miedo, silenciosas y pesadas, caían atropellándose unas a otras porque aquel lugar y aquel momento...

Cuento para navegantes de mares profundos

La piel del agua y un navegante extraviado Ella enviaba esporádicos mensajes. Le hacía saber que a donde iba estaba bien. Él los leía, pero pocas veces respondía, así que cuando lo hacía generaba en ella la luz de su día. A pesar de esto, los días para ella contenían grandes cantidades de sol y azules cielos intensos, sin nubes de por medio, o con las suficientes para anunciar corrientes de aire del norte. Pero jamás en esa época generaban lluvias o cielos totalmente nublados. Por esta precisa circunstancia, ella viajaba siempre hacia el sur. El planeta era un territorio enorme para los navegantes y exploradores. Digamos que ella era humilde en sus búsquedas. Rara vez salía de su territorio delimitado por un país. Por el país en que nació. Él, por su parte, era otra clase de navegante, pero navegante a fin de cuentas. Él navegaba la música de las olas desde la orquesta sinfónica que dirigía. Él manipulaba su propia barca en ondas cortas que llevaba del primer violín, o de...

un cuento...

Navegantes de mares profundos Dispersar témpanos de hielo en forma de cohetes con el solo propósito inocente de beber la limpidez del cielo antes de explorar el abismo… Si fuésemos de dos mundos como las ballenas y rasgásemos el cielo y bebiésemos la oscuridad de su bóveda antes de ahondar en la claridad ¿comprenderíamos entonces mejor las sombras de nuestra vida? Ballenas y hombres   1.991 Hannes Sigfússon Y mientras él descubría el canto de las ballenas en altamar, ella navegaba en una larga travesía el río más caudaloso del continente que abarca al planeta de un hemisferio al otro; y sus vidas no podían tener mayor sincronía o magia que un relato de Verne lo mismo que de Pavic. Ambos se habían convertido en personajes reales. Aun así quedaban ciertas historias en la tinta de los sueños: Dentro de estos -en otro tipo de embarcaciones de viento-, ellos de madrugada se encontraban. Finalmente, en una de esas últimas noches de travesías líquidas,...

Narración para evocar islas. Y también tu nombre.

E l abrazo de los náufragos “Todo naufrago necesita una isla” No hay muchas opciones de noche en una isla para dos náufragos. En vísperas de fin de año el viento portentoso ha dejado a su paso la luz encendida únicamente en nuestras pupilas. La casa al pie del mar vista desde afuera se va convirtiendo en una escena imaginaria con todo y sus caminos de arena. Entre ese silencio de medianoche dos cuerpos y una cama con cálidas sábanas blancas son el centro de lo único posiblemente real. Otro sitio real quizá sea mi piel.  Y tu respiración. Nuestros ojos son dos pares de luciérnagas intentando mantener a un huésped incómodo llamado deseo fuera de la habitación. Así, vagando solitario por ese paisaje imaginario. ¿Lo ves? Allí va nuestro perturbador deseo danzando. Respiramos juntos, en silencio. Al inhalar la noche entendemos que no somos dueños de nada. Ni de la propia nada.  Tú y yo somos una pertenencia olvida por la luna nueva, y por su noche oscura…...
Mynd
Para iniciar este blog, mi mente ha traido un invitado especial. Un amigo que un día inesperadamente se convirtió en personaje de cuento y de forma imprevista entró en la página escrita para no salir más de allí. Hace poco una amiga dejó escrita en su muro una frase sobre los extraños que se convierten en amigos y la historia inversa, aquellos amigos que se convierten en extraños... No pretendo aburrir, sólo dejo plasmado al amigo que no se convirtió en un extraño o distante recuerdo, sino en personaje, en historia. Allí vamos los dos en ese cuento, caminando por las calles de una ciudad entre montañas... En la ilustración aparecen las estaciones del año, las hojas, los gatos, el viento, el mar, el bosque, los viajes... y un camino que en ese entonces era el mismo.