Yo elegí ser viento. Y emigré como nube. Él eligió ser roca y permaneció de esa forma largos y tristes siglos. Hubo amigos que eligieron casas, familias, techos para protegerse. Algunos le dicen estabilidad, dinero seguro, trabajo aburridos. Sin contratiempos, pero sin maravillas. Excepto el futbol del domingo, algún encuentro anual con los amigos de la prepa. El trabajo de la mamá o el embarazo. Sin duda todos nos desfragmentamos, probamos distintas clases de ceniza. Y volvimos a aparecer, a desaparecer, con arrugas o sin ellas, con triunfos o sin ellos. Pero al menos, con nosotros mismos de frente. Sin bajar la guardia ni la mirada. Ni las esperanzas.