En la casa del alma habitan los ciclos femeninos. Si miras al cielo que es el techo, reconoces la danza del sol y la luna. Su eterna persecución. Su búsqueda constante. En esa casa a pie del infinito las iniciadoras tejen la cuenta de los días. Lo tejen y lo dibujan en forma de mandala circular con pétalos de flores, con ángulos de estrellas, con raíces de los árboles, con burbujas de aire y agua... líneas, curvas, copos de nieve, fragmentos de luz que se dispersan y se refractan en los ventanales de colores mientras el sol recorre su turno por los pasillos de esta galaxia. Aquella casa es como un santuario, lo habitan aves migratorias, mariposas monarca, incluso peces, felinos y reptiles... pero es un santuario construido especialmente para los hombres, las mujeres y los niños. Ellos allí aprenden que tranquilidad no es lo mismo que soledad. Ahí llegan las personas que aprendieron a no tomar decisiones cuando están aturdidos. Habitan la piel del alma, regresan al hogar espiritu...