Relato I

Aunque este blog ha permanecido "escondido" de las redes de pesca virtual, hace unos días me llegó una propuesta por correo para narrar el periplo en el que llevo algunos años como novia del viento, es decir, guiada de un lugar a otro no por el mero capricho del vuelo y las huellas que se imprimen sino por el bienestar que se deja sembrado y que se cosecha en los momentos menos esperados.

Es tan sano no esperar nada, y no por desánimo sino por sabiduría,
o por "cultivar el arte de la paciencia".

Ahora que llega el tiempo de sentarme a escribir en tanto afuera se dejan caer las lluvias de las temporadas tardías, tendré algunas tardes después de ocuparme de la cocina... aquí en la única casa que es mi puerto de llegada, en que podré plasmar todo aquello que ha pasado.

La ruta nació en Wirikuta, en el desierto sagrado cuando aún era un lugar silencioso, libre de disputas sociales y políticas... más adelante se siguió hacia Chiapas y su frontera, hasta terminar por echar unas cuantas raíces en San Cristobal y las comunidades zapatistas.

Tiempo después la ruta me llevó "al mar y al amor", a una isla que es omitida muchas veces en los mapas de México. Cosa tan buena porque así se ha preservado.

En aquel lugar que me llamó sin conocerlo ni saber pronunciar siquiera su nombre, aprendí a amar el amor en tantas tonalidades como nombres lleva el azul entre el mar y el cielo.

Hace unos días regresé de otros cielos en otro continente, después de haber sembrado mi corazón en una isla, tuve la gracia, llamémosle gracia, don, regalo... de vivir en un casco medieval del sur de Francia, para aprender los lenguajes del corazón que se tejen en el silencio de la oración.

Comencé escribiendo Corazón de Jade, una novela que narra mis historias ancestrales, en realidad no son "mis" historias, sino la de los pueblos mesoamericanos con los que he aprendido, los raramuris, los zapotecas, los mayas, los tzeltales y los huicholes... Corazón de Jade nació en San Cristobal mientras recorría aquellas tierras investigando la educación autónoma zapatista.

El Corazón Turquesa nació en el mar, después de haber perdido una pirámide que quise construir ingenuamente con mis propias fuerzas, fuera del tiempo y del espacio en que aquello era posible.

Y el Corazón Celeste comenzó a gestarse en Cordes-sur-ciel, Francia.

No obstante, tendré que hacer un paréntesis ahora que la propia vida lo hace conmigo dejándome sin horizonte por el momento, para sentarme a escribir todo lo que ya fue escrito.


Y se lo debo, en parte a una chica llamada Aura Estrada que siempre supo cómo partir, y a una amiga que siempre sabe cómo llegar...


bela, 14mayo, 2012.


Ummæli

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