No me propuse nada. Ni siquiera borrar tu nombre de mi lista. Porque no hay lista, ni palabras para deletrear el nombre de un fantasma. La música se fuga, esa fantasía cromática a la que se acostumbraron los oídos de un sordo, los ojos de un ciego. Sólo el tacto leerá entre las grietas de un antiguo muro que circunda a una ciudad a pie del mar... en esa muralla estarán los ecos humedecidos de esperas en un puerto, sin cartas, sin mensajes... no hay incluso nubes que deshilachen una historia para hacer con ella lluvia, huracán, tormenta.
Hubo solamente un breve rayo que iluminó el cielo algún instante, de un año que ya pasó.
Hubo incluso casas flotantes sobre el mar que te vieron asomarte a ella tras una ventana sin cristales, pero no entraste, dudaste. La música de otra voz, la vibración de notas que no canté yo. Aún no descubres que se canta en silencio, a distancia. Y no lo descubrirás. Los fantasmas no saben algunos misterios que la música otorga sólo a los vivos... a los que están del otro lado del mar.
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(el inicio de la nueva novela: la lista de nombres y deseos que sí existen caen de un árbol que siempre da frutos, tal vez no los que la mujer espera, pero sí los que la escritora necesita).

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: