Amaba sutilmente esa palabra
que evocaba tu nombre
y bajo un arce te convirtió en presencia.
La tarde descendía por la montaña
y decidimos ir en búsqueda del tiempo
minúsculo para atraparla.
Incendiamos el silencio hasta abrasar
llenos de dudas el último vestigio de la aurora.
Los rayos se desdibujaron lentamente
entre las copas de los árboles,
en tus ojos.
Habíamos caminado por el sendero que trajo
a tus abuelos a la historia de convertirte una lejana
fecha en el que orquestaría
la música de, tal vez, un día eterno.
Respirabas suavemente, pronunciando mi nombre
la tarde caería, nos abrasaría la última
chispa del fuego de una hoguera lejana.
Invocaríamos nuestros nombres.
Nos buscaríamos al terminar el concierto.
Evocaría tu nombre.
Tú nombrarías mi ausencia
Sin bosques ni auroras... la ceniza
sería el último rescoldo de memoria.
O, tal vez, la música de un día eterno,
y el poema,
de una lejana fecha.



21abril2016SofiaBlm

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: