Carta al que viene caminando a mi lado
Había pensado que buscaba tu rostro.
Todo este tiempo.
No necesitaba verlo de frente pues lo llevaba dentro de mí, adherido a mis genes. Jesús, qué he hecho?
Ayer caminábamos juntos. A la orilla del mar. Sin arena. Sobre el pavimento pero mirábamos juntos la piel del mar por la que alguna vez caminaste.
Te respiraba. Me decías:
-Sofia, inhala. Inhala y respira mi presencia. Exhala y libérate de tí. De cualquier concepción que hayas hecho de ti.
Lo que tú dices no siempre lo escucho con palabras. Siempre habías llegado a través de la brisa, los rayos del sol, una tormenta, el pulso al unísono de una orquesta sinfónica. La sonrisa de los hombres, los niños... Siempre te miré.
Pero ayer... ayer eras únicamente tú a mi lado.
Y me dije, si vinieras a mí lado qué actitud me provocarías. Qué haría mi cuerpo, cómo caminaría? sin duda me movería distinta a tu lado. Sentiría resplandecer todo. Sentiría el universo alineado... No importaba lo que pensara... no había nada en absoluto que pensar, ni que decir.
El movimiento era a tu lado.
La gota del oceáno se convirtió en el océano dentro de una gota. Eras tú en mi interior.
Y pensé, qué va a pasar mañana cuando despierte y recuerde este momento, en que estabas aquí.
Sentí la luz de tu mirada, la sensación de tu cabello entre mis dedos, porque por supuesto que te acaricié, no tu piel ni tu manto. Me gusta acariciar tu cabello, pensar en tu aroma... recordar la historia de la humanidad a tu lado y entender como todos los tiempos son un mismo tiempo y voy caminando contigo en Galilea, las mismas sandalias, el mismo aroma de hierba a media tarde. La sensación de tu costado izquierdo al lado del mío.
Me sentí incluso un poco de María la de Magdala, comprendo que soy parte de ella.
Después me preocupó un poco la religión y la iglesia. Pero no dijiste nada. Continuamos caminando.
Nunca dudaste de quién eras, ni de tu propósito aquí de este lado del mapa. En Tierra.
A tu lado soy como la arcilla, es tan buena esa semejanza. Caminar contigo es ese movimiento circular sobre las manos del alfarero, en cada vuelta me vas dando forma. Soy un recipiente sin fondo, pero llena de tus manos.
Tu tacto me da vida.
-Todos tus caminos. Tus decisiones, te tienen hoy aquí caminando conmigo.
Sí. Durante mucho tiempo cuando cerraba los ojos para orar me veía a tu lado en una cocina, sentados en una mesa de madera. Después te dejé de encontrar ahí.
Habíamos estado en el monasterio en Cordes-sur-ciel. Allí anduvimos hasta en bicicleta después de perder el avión y discutir contigo y decirte en Toulousse "Me perdí en Tu-luz!!!" y comprender que tenía que volver, tomar el tren y volver, de nuevo volver a Cordes.
Y a través de Augustin me diste esa bici para salir una tarde de domingo sólo contigo. Y al día siguiente recibimos las reliquias de la Petit-Thérése, de Santa Teresita, quien desde el inicio me envió allá a Francia, desde la comunidad de las Bienaventuranzas en Atlixco años atrás.
Sí, sé que aquí vienes.
Que ni siquiera tengo que escribirte esto. Que sigues en mi pulso. Que no eres una estampa, una imagen.
No dejo de bucear. Pero saber que si miro a la superficie y a quien encuentro es a ti, entonces todo tiene sentido. Puedo seguir.
Sofía, 31 enero, 2016
Todo este tiempo.
No necesitaba verlo de frente pues lo llevaba dentro de mí, adherido a mis genes. Jesús, qué he hecho?
Ayer caminábamos juntos. A la orilla del mar. Sin arena. Sobre el pavimento pero mirábamos juntos la piel del mar por la que alguna vez caminaste.
Te respiraba. Me decías:
-Sofia, inhala. Inhala y respira mi presencia. Exhala y libérate de tí. De cualquier concepción que hayas hecho de ti.
Lo que tú dices no siempre lo escucho con palabras. Siempre habías llegado a través de la brisa, los rayos del sol, una tormenta, el pulso al unísono de una orquesta sinfónica. La sonrisa de los hombres, los niños... Siempre te miré.
Pero ayer... ayer eras únicamente tú a mi lado.
Y me dije, si vinieras a mí lado qué actitud me provocarías. Qué haría mi cuerpo, cómo caminaría? sin duda me movería distinta a tu lado. Sentiría resplandecer todo. Sentiría el universo alineado... No importaba lo que pensara... no había nada en absoluto que pensar, ni que decir.
El movimiento era a tu lado.
La gota del oceáno se convirtió en el océano dentro de una gota. Eras tú en mi interior.
Y pensé, qué va a pasar mañana cuando despierte y recuerde este momento, en que estabas aquí.
Sentí la luz de tu mirada, la sensación de tu cabello entre mis dedos, porque por supuesto que te acaricié, no tu piel ni tu manto. Me gusta acariciar tu cabello, pensar en tu aroma... recordar la historia de la humanidad a tu lado y entender como todos los tiempos son un mismo tiempo y voy caminando contigo en Galilea, las mismas sandalias, el mismo aroma de hierba a media tarde. La sensación de tu costado izquierdo al lado del mío.
Me sentí incluso un poco de María la de Magdala, comprendo que soy parte de ella.
Después me preocupó un poco la religión y la iglesia. Pero no dijiste nada. Continuamos caminando.
Nunca dudaste de quién eras, ni de tu propósito aquí de este lado del mapa. En Tierra.
A tu lado soy como la arcilla, es tan buena esa semejanza. Caminar contigo es ese movimiento circular sobre las manos del alfarero, en cada vuelta me vas dando forma. Soy un recipiente sin fondo, pero llena de tus manos.
Tu tacto me da vida.
-Todos tus caminos. Tus decisiones, te tienen hoy aquí caminando conmigo.
Sí. Durante mucho tiempo cuando cerraba los ojos para orar me veía a tu lado en una cocina, sentados en una mesa de madera. Después te dejé de encontrar ahí.
Habíamos estado en el monasterio en Cordes-sur-ciel. Allí anduvimos hasta en bicicleta después de perder el avión y discutir contigo y decirte en Toulousse "Me perdí en Tu-luz!!!" y comprender que tenía que volver, tomar el tren y volver, de nuevo volver a Cordes.
Y a través de Augustin me diste esa bici para salir una tarde de domingo sólo contigo. Y al día siguiente recibimos las reliquias de la Petit-Thérése, de Santa Teresita, quien desde el inicio me envió allá a Francia, desde la comunidad de las Bienaventuranzas en Atlixco años atrás.
Sí, sé que aquí vienes.
Que ni siquiera tengo que escribirte esto. Que sigues en mi pulso. Que no eres una estampa, una imagen.
No dejo de bucear. Pero saber que si miro a la superficie y a quien encuentro es a ti, entonces todo tiene sentido. Puedo seguir.
Sofía, 31 enero, 2016

Ummæli
Skrifa ummæli
hojas al viento