El corazón es un cazador solitario



Hace una semana asistí por invitación de una amiga a una tarde de lluvia entre mantras y cantos para repetir una y otra vez "Hare hare Krishna, hare hare Rahma..." la monja nos explicaba que esto es una forma equivalente a "Señor hazme un instrumento de tu amor". Buscar en otro idioma lo que sé orar en mi propia raíz del alma.
Sencillamente "Señor, hazme un instrumento de tu amor".
Ni siquiera sé si lo que la religiosa de esa secta sepa de verdad sobre su tradición filosófica, cultural, religiosa.
Si lo que buscamos es "re-ligarnos", ¿por qué no hacerlo desde la propia raíz de mi tradición judeo cristiana?
Después pienso en mi inclinación a la luna y pienso si en ella no pongo vanos deseos. Después lo medito un poco más:

No es adoración, no es alabanza. Danzar con la luna nuestros ciclos es reconocerme mujer con sus fases y cuando hago mi oración, por ejemplo, mi rosario y rezo el Credo pienso lo patriarcal que es pensar en la manifestación de la divinidad.

Pero bien, somos hijas del Dios luminoso, del Dios que hace que la vida florezca en la Tierra. Del Dios que me permitió el martes pasado al lado de Isabelle, ver ángeles danzando en el cielo.

Del Dios que decidió llevarse a mi abuelita hecha de roble, nuestra madera firme, el jueves pasado después de tener a sus 3 mujeres a su lado para que mi madre, Sofía, la entregara a Dios Padre y Dios Madre.

Envuelta en la palabra de amor, en la bendición, en la entrega a nuestros padres celestiales. Dice mamá que mi abuela sólo movía sus cejas y abría un poco más sus ojos mientras los aparatos que medían el ritmo de su corazón se iban apagando de a poco.

¿Pero de qué murió la abuela mamá?

Su corazón se rompió.

De forma literal, mi árbol de roble, mi abuela murió de un corazón roto que nunca sanó.

Vivió itinerante, con sus maletas de un lado a otro. Vivió para celebrar a sus hijos y a sus nietos. Nunca más en más de 50 años volvió a amar como amó a quien no la amó tanto como ella.

La luna es un satélite que sólo aparece cuando el Sol se oculta, sólo de esta manera brilla. La luna es un satélite que danza en solitario entre millones de estrellas dispersas.

Desde esta luna a punto de ser llena, mi abuela abre sus ojos y me recibe para danzar con ella en el infinito.

A ti Pita, todo mi amor.

Ummæli

Vinsælar færslur af þessu bloggi

Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: