Círculos de lunas y danzas

Primero no es el círculo, es sólo un punto gravitando en el espacio... una espiral de huellas, ecos y pasos. Unas detrás de otras hasta convertirlo en camino. De noche y luna azul, de noche y claro de luna la ruta serpentea... y nos movemos entre la luz y lo que apenas podemos distinguir con ojos de lechuza como si de una serpiente se tratara... reptamos. 

Poco a poco vamos sintiendo el vigor en las piernas, la necesidad de ponernos en pie, de sostenernos y comenzamos el camino con el apoyo de un tronco firme.

Y así salimos hacia la montaña del alma, la montaña de la vida, cuesta arriba.


Con el correr del tiempo el punto gravitando en el espacio converge con otros puntos que convirtieron el paso de las décadas en danzas, los ecos en cantos, las huellas en ritmos. La sincronía deviene círculos de mujeres.


Hemos sido hilanderas, enfermeras, curanderas, madres, parteras, granjeras, hechiceras, princesas, sabias, monjas,  maestras, restauradoras, visionarias; ofrendamos el corazón tantas veces durante tantas épocas.


 Hacemos círculo porque buscamos reconectarnos con nuestros murmullos ancestrales: movimientos, voces, miradas. Porque lo sagrado sale desde nuestro cuerpo, nuestro propio templo. Hacemos círculo porque nos vamos encontrando.

Cuando no es así de sencillo nuestros círculos son personales... pero poco a poco nos vamos encontrando. Sólo necesitamos mirarnos  a los ojos, de inicio.






Los círculos lunares nos permiten despertar la creatividad, el arte desde el espíritu. Calman nuestras ansiedades, nos permiten volver a respirar a un ritmo en balance y armonía. Los beneficios son tantos que de verdad aún no entiendo porque no es sencillo convocar a un círculo en el sitio en que vivimos.


Fotografías vía Pinterest 


Sofía B/Clevit

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: