Mu-danzas y an-danzas en luna menguante
Hace unos días, en la sesión de lectura de la biblioteca un señor me preguntó
-¿Usted por qué escribe?
Al ver mi silencio, agregó
-A mí me gusta leer, leo todo el tiempo, incluso he sentido a la literatura como mi amante. A ella le entrego las horas en que debería dormir o abrazar mi esposa, incluso el dinero lo reservo para ella, para nuevos libros... pero, ¿qué hace diferentes a los lectores de los escritores?
-La necesidad. -Le respondí. -Yo necesito escribir. Usted necesita leer. Cada uno hacemos lo que necesitamos.
Yo necesité hace unos años irme "Al mar y al amor"... bajé por la Riviera, amistades maravillosas me acogieron, cuidé bebés, me quedé sin zapatos, perdí un trabajo en un crucero en Cozumel, me enamoré de un hombre que coleccionaba piedras de jade, encontré el Santísimo detrás del ventanal del mar en una pequeñita iglesia, y llegué a una isla.
Todos esos años fueron luna nueva. Eran luna nueva. Como la imagen. Buceé hacia dentro muy dentro. Necesité agua y sal.
En el mar, crecí.
Crecí, escribí una nueva novela, la siguiente parte del Corazón de Jade que de San Cristóbal de las Casas se trasladó a una isla para convertirse en Corazón Turquesa. Crecí también gracias a las personas que encontré y que me encontraron.
Comencé a comprender y a acercarme a los ciclos y las ceremonias lunares. A encontrarme con más mujeres en este caminar, el cuenco de cuarzo que Mercedes me cedió por tres días hizo un trabajo limpio y claro resonando por completo todo mi cuerpo como si fuera un instrumento musical de cristal.
Hubo las lágrimas más fuertes, porque nacían en las entrañas y yo no quería salir del mar, no me quería soltar de ese útero tan rico que me mecía, al día de hoy, no dejo de dormir en hamaca. Es mi último resabio del vientre. Del mar, de "María el mar del mi mirada".
Sí, también escuché mucho. Porque abrí mis antenitas, mi recepción con las estrellas al borde de las escolleras. De noche, con lluvia, con tormenta. Yo podía salir, gritar, correr con Brida, una yegua que se hizo mi gran amiga.
También conocí el lenguaje del tiburón ballena, hablamos, danzamos juntos. Lo escribí.
También me descubrieron escribiendo sobre el mar en una palapa sobre el mar. Un músico de músicas lejanas. Y me fue a buscar por la noche pero yo no estaba. Yo no esperaba, yo vivía, como explosivo cohete ardiendo en el espacio...
Pero la luna llena me llevó a él, y a orquestas sinfónicas a espacios cerrados.
Fue la luna creciente la que me preparó a la danza de la luna llena. Brillar quizá sólo hacia dentro, a veces hacia fuera. Pero iluminar, no importan los vientos o los movimientos, porque la danza es en espiral entonces tú sólo te sueltas, abres tus brazos, el corazón. Brillas para ti. De inicio. Y las miradas se enfocan, la piel del tacto inicia su camino.
Luna llena tiene las energías más concentradas, es el faro, es el anuncio: Aquí está el puerto.
Y bien... cómo viva una cada una de sus fases es un trabajo que al ser cíclico nos permite reconocer y reconciliar lo que falta por trabajar, por aprender... por crecer... por compartir.
Y yo hoy, inicio el camino a fase de luna menguante.
Creo poder determinar que el ciclo de cada 7 años nos regala este pasar por las 4 fases y uno decide cuánto tiempo permanecer en ella. La luna roja o blanca, es decir, cuando estamos en nuestro periodo de introspección mensual, nos ayuda mejor que nada a afinar el olfato y el gusto de nuestra intuición.
Como en esta luna menguante danzo mi mu-danza, la primera vez en 6 años que decido asentarme y permanecer, y logro la claridad de comprender que también es una buena forma de hacer, ser y crecer... cuando asiento lo nómada y lo peregrina para danzar en mi espacio y recibir.
Sí!, recibir!
Hasta volver a mudar y andar.
Sofia. 05julio2015
Hagamos aprendizaje juntas. Compartan sus ciclos, sus sensaciones. La escritura de sus sueños más nítidos. Desde este lado yo prometo lo mismo y más.



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