La mandaleidad


 Así le llamo yo a esta forma de sentir y pensar los círculos. De contemplarlos como una serie de redes entretejidas. En donde cada hilo de la trama y de la urdimbre lo vamos tejiendo una a una. Como calendarios de estaciones, como telarañas despejadas de donde pende el rocío, las gotas de micro-universos que coexisten con otros un poquito más grandes, pero líquidos... Con posibilidad de evaporarse, o fundirse, o escurrirse solos.



Comencé pintando mandalas, es más... lo tomé con mayor seriedad desde que Oriana llegó a la cañaba en la selva maya con su libro engargolado de Mandalas y crayones. Se sentó a la mesa como niña pequeña recién llegada a sus vacaciones con su amiguita que jugaba en el sur con la arena y la playa. Recuerdo aún su imagen, el calor del día, los árboles tras la ventana y ella con sus hermosos ojos rasgados comenzando a pintar su silencio en un mandala.


Semanas después liberó las esquinas de su cuadro, del marco en que simulaba una postal de alegría y seguridad... Rompió su zona de confort y se fue danzando después de una ceremonia especial durante una larga, larga noche.

Me dejó su libro para pintar mandalas. Y los siguiente años ya no sólo pinto. Los creo. En algunas noches pongo música de piano y comienzo a dibujar círculos dentro de círculos, flores, dentro de flores. Cielos dentro de estrellas.


La poesía, la danza me han ayudado también. Ahora puedo decir que estoy en una fase donde veo la "mandaleidad" como una serie de relojes dentro de otros. como un engranaje de muchos círculos sin tiempo, más bien sincronías. Las personas, lo que me dan, lo que les doy. Lo que se sabe agradecer. Lo que se sabe pedir, lo que logramos reconocer.

Es en definitiva un nuevo momento que se venía gestando desde tiempo atrás. Desde mi tiempo atrás cuando fui soltando de a poco: trabajo seguro, casa, comodidades, seguridades... dinero. Cosas. Solo cosas. Casas.

Después me fui a encontrar el hogar-hoguera. Y desde el inicio lo sabía: ése es el fuego que habita dentro. Que no se busca, se encuentra.


"Gracias por suspender en el tiempo estos hilos de lluvia.
Por retrasar la salida del sol unas horas más.
Gracias por ese letargo que me sumerge en el canto de los pájaros.
Por esta música en el viento. Por esta soledad y este reflejo.
Gracias Norte por el Sur.
Gracias Este por el Oeste.
Gracias Fuego por este caudal de Agua.
Por el temblor, por la duda... por esta danza en espiral
que algunos días se asienta en el café de la mañana.
En lo que no es más que presente.
Sin más ni menos que continuo presente".

.-SofiCle



Mandala de febrero 2015. SofiClé





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Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: