La danza en espiral: escuchando todo, más allá de todo

Hemos danzado en espiral nuestros ciclos, uno, tras otro, tras otro... Nunca una línea recta. Han sido escarpados, montañas, ni las líneas a la orilla del mar cuando todo parecía en calma, fueron líneas rectas.
Hemos subido, crecido, menguado y vuelto a nacer... Nos hemos hecho plenas... nos hemos inflamado como una burbuja de fuego, otras, simple espuma... a veces, un hueco en la tierra.
Y cada 7 años trascendemos, crecemos.
A los 7 años abrimos los ojos fuimos totalmente niñas... infancia en cada célula.
A los 14 abrimos los brazos, la comprensión de nuestro cuerpo... adolescencia en cada respiro, en cada suspiro.
A los 21 años abrimos el camino... las decisiones... los puertos, las llegadas.
A los 28 años el camino se abrió ante nosotras, claro y nítido... Comenzamos a sentir los resultados de cada uno de nuestros pasos, comenzamos a mirar las huellas, a escuchar los ecos... los ciclos inconclusos.
Después la rueda danza hacia el quinto ciclo de 7 años... hacia los 35 años...
Hemos aprendido a sumergirnos en nosotras mismas... Quizá sin ser conscientes de lo cíclicas que somos... de que nos elevamos cada 7 días... incluso en un día... nos elevamos, danzamos hacia el sol.
E invariablemente, hacemos inmersión, nos oscurecemos, ahondamos en lo más profundo... y el impulso hacia la superficie es una obra de arte, salimos de nuestros propios mares de nuevo con ojos abiertos, con brazos abiertos, con los caminos sin ecos, ya sin huellas... renovadas, listas para la danza... en espiral.
Y así somos cajas de resonancia, resonamos con la vida, con los ciclos de la Madre Naturaleza, con el verano, después con el otoño que canta "lo que el otoño desteje, la primavera lo vuelve a tejer", con el invierno... con el abrazo al cielo. Con la bendición de nuestro abrazo, de nuestra música interna.
Por eso danzamos juntas a cualquier edad y con todas las edades, para crear música de orquesta. Porque yo vibro con las cuerdas de un violonchelo, y ella es como una flauta dulce, y tú un violín, un arpa, un oboe... y marimbas, campanas... la resonancia es una orquesta sinfónica y el sonido de cada una de nosotras juntas lo templamos...
lo afinamos
lo reconocemos como
único,
y necesario.
¿Has escuchado hablar de la música de las esferas?
Pues comenzó así, como en esta fotografía... una pequeña Tú, caminando por un sendero, por un bosque, escuchando todo, y más allá de todo.

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: