Judith Santopietro y sus Palabras de Agua (tierra, viento y fuego)
Había una vez una
mujer con alas y palabras de agua; tejía en el viento sus esperanzas, giraba en
torno a los árboles que en torno a ella danzaban con sus altas ramas. Ella era
mujer montaña, desde pequeña aprendió un misterioso arte: convertía al fuego en
hogar.
Hogar de palabras.
Cuando las eras
pasaron y a pie descalzo llegó a descubrir otros mares, otros mundos y el sol
cansado de mirar atardeceres sin luz le cantó al oído una nueva canción… ella
comenzó un nuevo relato.
Primero, inició sus
primeras letras suspirando… más tarde corriendo, algunas veces hizo con sus
lágrimas lluvia de jardines verticales… después, todo comenzó a florecer.
A los pies les llegaron zapatos hechos a su medida para surcar continentes.
A los pies les llegaron zapatos hechos a su medida para surcar continentes.
Ella, se convirtió
en navegante, en poeta, de palabras de agua.
Otro día, un ave rayó el horizonte… dos aves… tres aves.
El cielo encendido
en un anciano sol con fuego de hogar-hoguera, nos reunió, en una ciudad de
polvo y olvido. Y en torno a un buen
café, tres aves migratorias, nos reconocimos hechiceras.
De agua, viento, y
tierra.
Con Cariño para
Judith y otra especial mención a Lea.
Porque cuando
coincidimos lo hicimos por vez primera las tres en un mismo tiempo.
Mañana presenta
Judith Santopietro su poemario en el Ágora de Xalapa.
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| Sofía Clevit, Judith Santopietro y Lea Ludwig, en la presentación de Palabras de Agua en Córdoba, Ver. mayo 2014. Fotografía de Diego Gallangos Robinson |
Aquí transcribo parte de lo que en Internet, se puede encontrar acerca de su maravilloso oficio y uno de sus poemas:_
Aquí el link para descargar el libro en pdf: Palabras de agua
Aquí el link para descargar el libro en pdf: Palabras de agua
Raíz de vuelo
Hemos caído del insomnio corporal
hacia la cúspide selvática
de pasos lentos
de pasos lentos
agudos
la rama del soñar desprendía seres al vuelo:
búsqueda del tiempo elevado
mar de sobriedad fugaz.
Inventamos gritos al silencio:
vigía de un ojo entrecerrado que acecha la conciencia
con las miradas de árbol,
con la sombra de lámpara en mano para no extraviar
el engranaje de los ojos:
raíz que marcó nuestra frente con un signo
sonrisa de carbón que emerge de las manos.
sonrisa de carbón que emerge de las manos.
Después de todo
hay sabor entre las piedras,
algún jirón de costumbre
o rescoldos de memoria que la yerba nos tatúa
en esta tierra parida de los ojos:
tierra baldía
pórtico constante de chicharras
donde los escombros de un tronco
se roen con el tiempo.
Las hojas caen
como estrellas afiladas
sobre el musgo,
el viento las derrama
en las pupilas y los poros
el sesgo de la mariposa
riega su polvo entre los árboles;
el colibrí asido a las ramas
bebe por su túnel de garganta estrecha
para despertarnos en el umbral de la carcajada del cuervo.
Iluminada por los ángeles de corazón bordado,
cerco a las pequeñas bestias que oyen nuestro cuento
y depredan los cascajos del desayuno.
Sus alas ebrias en jardines
despiertan a este siglo:
viejos de prisas y demencias
asidero de hojas sedentarias para su historia de ansiedad.
Dos hojas se desprenden de aquel silencio
raíz de lengua que rasga los ojos de los niños
tez redonda por el sol de la mañana
para escuchar la palabra enredadera hierba líquida
de la montaña:
después de un crepúsculo habitual la lluvia ha muerto,
dispersa sobre el lomo de las rocas
hace raíz de leyenda
en las sonrisas sueltas de la gente.
Caídos del insomnio corporal,
en la cúspide selvática,
escuchamos pisadas en tierra
de tacones sin forma en los oídos,
el agudo engranaje de los ojos.
el agudo engranaje de los ojos.
Sierra de Zongolica, Veracruz, México
Aquí dejo un video sobre su labor en la sierra de Zongolica y su editoral Cartonera Iguana Azul

Ummæli
Skrifa ummæli
hojas al viento