un cuento...

Navegantes de mares profundos


Dispersar témpanos de hielo en forma de cohetes
con el solo propósito inocente de beber la limpidez del cielo
antes de explorar el abismo…
Si fuésemos de dos mundos como las ballenas
y rasgásemos el cielo y bebiésemos la oscuridad
de su bóveda antes de ahondar en la claridad
¿comprenderíamos entonces mejor
las sombras de nuestra vida?
Ballenas y hombres 1.991
Hannes Sigfússon


Y mientras él descubría el canto de las ballenas en altamar, ella navegaba en una larga travesía el río más caudaloso del continente que abarca al planeta de un hemisferio al otro; y sus vidas no podían tener mayor sincronía o magia que un relato de Verne lo mismo que de Pavic. Ambos se habían convertido en personajes reales.

Aun así quedaban ciertas historias en la tinta de los sueños:

Dentro de estos -en otro tipo de embarcaciones de viento-, ellos de madrugada se encontraban. Finalmente, en una de esas últimas noches de travesías líquidas, dentro de otros mares profundos; después de soles y lunas de mareas perdidas, vaivenes vertiginosos y vientos olvidadizos… sus miradas se impactaron… Y así, navegando, aparecieron sus rostros dibujados en las murallas de estrellas derritiéndose como mercurio sobre la bóveda del cielo… y surgieron dos pares de ojos, un par de labios… las orillas definidas de un cuerpo, de dos cuerpos… de dos historias que desde el principio de los tiempos habían sido sólo una.

En sus sueños no existen aves, no hay gaviotas, ni monos aulladores… El cielo líquido derrama estrellas y ahí están, el uno frente al otro tomando la forma de dos viejos exploradores sin huellas.

Sus sueños en medio del viaje los convirtieron en oasis.

Él era un oasis para ella, en medio de la madrugada, en medio del Río, remando en relevos con un equipo de exploradores de diversas lenguas y sueños en otros idiomas… ella en medio de la noche lo encontró a él como quien descubre un oasis:

Para él, ella era un oasis. Desde lo alto de las olas que él surcaba en otros mares y traían el recuerdo de las ballenas de otras historias que quizá cuando eran niños leyeron. Cuando reían reales y juntos, en la misma habitación terrestre… Cuando eran peces con dos extremidades; iban  juntos a la escuela y usaban zapatos negros de cuerdas para atar.
        
Con el tiempo desataron todos los nudos, soltaron las amarras… zarparon sus propias rutas… Sin embargo, las embarcaciones de donde partieron las construyeron juntos, la misma madera, las mismas velas… juntos tallaron su propio par de remos y un día, se despidieron sin abrazos.

En medio del oasis de sus noches se vuelven a encontrar;
se convierten en una especie de personajes mitológicos
que se miran y se reconocen:

Juntan sus labios, cruzan el océano interno, bucean profundidades inexploradas… se resguardan del espacio sin tiempo… de la búsqueda que no cesa…

Se estremecen al sentir su piel… peces de colores en la habitación. Peces naranja como Ulises y Eréndira… piel acuática… escamas. Besos.

Después llega el amor… el encuentro. Las estrellas chisporroteando mercurio… cuentos siempre inacabados.

La escuela que no volverá, las calles de una ciudad, sus ecos suspendidos en la lluvia. Sus risas reales. Sus juegos de palabras. Sus cartas hechas cuentos cifrados… Las maletas donde cabía la ropa de dos mundos distintos. Mazunte. Punta Cometa. Hamacas.

Los besos duermen.

Y ellos ya se despertaron.


Sofía Clevit- Tabasco, mayo 25-2014


Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: