Helena con H muda

Ayer, en un recuerdo del porvenir instantáneo, escribí:


El amor llegó en domingo, 
con los ojos llenos de lluvia, 
el amor la encontró dormida.

.-poesíaposeía.
domingoenaltamar-.


Minutos después un amigo me notifica, Helena Paz Garro falleció a los 78 años, a un día del centenario del nacimiento de su padre.

Hoy otro amigo me envía esta nota escrita por Tanya Cosio para RedDoor Magazine y yo selecciono este poema, para comenzar mi propia elegía:


El tiempo 
El tiempo no nos conduce a otra región
más allá de nosotros mismos
y de nuestro mundo de árboles verdes;
más allá de la tierra y de los astros,
a través del cielo cuyos ángeles cantan
como copos de lana.
El tiempo, huso blanco e inmóvil
no nos devana.
Los lentos paseos de las damas medievales
vestidas de verde,
hojas más que rosas en el jardín de la torre,
y las almenas de donde a veces se asomaba el duende
con su mandil de cuero, al cual nadie había podido
robar su tesoro.
Y el sueño del muchacho bajo un rosal en flor.
Pastor, pastor, ¿no has visto pasar aquí a la belleza?
Está vestida de raso blanco,
en sus dedos guantes rojos
y su cabellera flotando al viento
tiene el olor de la mejorana.
El tiempo nos ha fijado en el espacio
entre las cuatro paredes de un cerebro
que no puede imaginar mundos sin tierra y sin
agua,
la exhalación de la luz,
los torrentes infinitos de las vías lácteas
resbalando por el cielo,
la sombra plateada de la niebla,
el espíritu irisado del éter que silba
en columnas de cristal,
y las almas acorraladas de los animales
-los ciervos, los conejillos, que vagan por otro
bosque-,
y los planetas dorados
que habitan los ojos de los gatos,
y el amarillo triunfante,
el amarillo espectro del sol
donde se pierden todos los gritos.

N.B.  Versos de una canción medieval francesa.
París, 1960.
***
MI ISLA

Mi isla de oro
tan próxima tan lejana.

La acerco con mis olas.
Busco adivinar lo que encierra su frente
para alcanzar el núcleo de sol
en que se reabsorbe su ser,
las playas blancas de sus pensamientos,
la risa en su alma rumorosa de pájaros.
Se aleja
se convierte en una minúscula canica de oro
y rueda bajo la puerta
para siempre.

París, 1982
***

Me dijeron
que no podía salpicar de sol un lienzo
ni lanzar un puñado de barro
y algunos ramos sobre un cuadro
para crear un bosque.

Mis manos
no podían convertir el marfil en un cuerpo,
posar alas de libélula
sobre palillos rojos
para hacerlos girar al menor soplo;
acumular
columnas, escaleras, calles,
hasta construir una ciudad.

Poner un andamiaje a la armonía de los planetas
y de las vías lácteas,
con esqueletos de hilos de oro
y jaulas para la luna
donde duermen nuestros sueños más profundos.

Ya que, mujer, debía errar
en nuestros laberintos interiores.
¡Eterno Minotauro!

Nueva York, 1959
***

Y así se fue Helena. Así se desdibujan de los mapas de historia las mujeres que nacieron para morir en el olvido y en soledad.
Pienso de nuevo en la tesis de la licenciatura, las habitaciones propias de las que hablaba Virginia Woolf hace más de un siglo, las que aún no se han conquistado... las que muchas de nosotras en esta generación ya podemos conquistar. Territorios que son islas como las que ella, Helena, hizo poesía silenciosa y secreta.

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: