De pie sobre la vida. Poesía de Cristina Maya.

Voy por tu piel desnuda
alcanzando tus manos que diluyen las horas,
acercando mis ojos a tus sueños,
dibujando tu frente, tu mirada,
súbitamente recobrándote.
Comienzo a oír tu voz ahora,
a algún país lejano perteneces,
dueño de alguna embarcación perdida,
así te siento....
Ahondo mi corazón en tu latido,
distante estás del mar soñado
Y a mi orilla te acoges dulcemente.

Divagaciones. Cristina Maya.


El regreso
He regresado de la ausencia,
me detuvo en el largo camino
la estación de la muerte.
Viajaban trenes imposibles,
transeúntes anónimos,
laberintos oscuros.
No sé en qué estancia
donde todas las voces se diluyen,
tuve sentido del silencio.
Olvidé mis palabras,
alejé los recuerdos
y anduve sola y desterrada.
no hubo espejo dónde reflejar
mi imagen
lugar alguno dónde asir la nostalgia.
Sólo un abismo innumerable
donde el tiempo ahondaba
cada vez mi vacío.
Quedé anclada en las horas,
aferrada al momento.
Perdida de mí misma,
me busqué en la memoria.
Fui así reconstruyendo
a fragmentos mi imagen
y descubrí el espejo
en mi propia conciencia.



Frente al atardecer
Esta tarde
de bruma gris y hondo abandono,
tiene dolor de ausencia.
Frente a mí
la lenta melancolía
de las hojas
y en la ventana el viento
preludia una canción entristecida.
Soy el instante impreciso,
el endeble reflejo
de un retrato, un espejo, un poema.
Soy el perfil desvanecido
de todas las imágenes posibles,
sombra no más de lo que fue,
palabra blanca
en el papel del aire.

Invitación
Ven a habitar
esta parte de mi alma
suspendida en la orilla
de un crepúsculo.
Ven a abordar este barco
naufragado en lo azul
de mi nostalgia.
Mi casa te aguarda
florecida de lilas
y abierta al horizonte
donde la luz es el preludio
de una aurora
que apenas se perfila.
Todos los sueños caben,
todos los espejismos.
Aquí las ventanas
son puertos para viajar
por rutas olvidadas
y en las tardes
el jardín reverdece
de tallos y de hojas,
de voces minerales
que emanan de la tierra.
Mi casa te espera
lejos del frío nocturno
que cuaja de tristeza cada calle,
lejos de la negra visión,
que empaña las esquinas
de humo y pesadumbre.
Tibieza, claridad,
sombra apacible
de la luz en la lámpara
junto al libro
de signos admirables.
El lecho de los sueños,
la almohada reclinada
y mi amor abrigándote
en el silencio puro
de la noche.
Mi casa te aguarda
de pie sobre la vida,
a esta hora o en el círculo
eterno de las horas.

Ummæli

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