Carta a Francia

Desde pequeña recuerdo una oración en la que le pedía a Dios que mi curiosidad por conocer nunca me alejara de la fe y del camino hacia Él. Porque no puedo luchar contra las historias y los cuentos y los libros que llegan a mí y me hablan de otros mundos que son siempre parte del mismo mundo, pero al mismo tiempo son realidades completamente divergentes.

Ahora estoy leyendo las Nieblas de Avalon, un libro muy extenso acerca de la historia de los celtas, las brujas, las diosas, los caballeros. Y pienso mucho en la Francia del sur que yo conocí, sus caminos, sus ecos, mientras caminaba por las tardes en Cordes y le doy gracias por no haber conocido estas historias en ese tiempo... mi experiencia hubiera sido diferente.

Cuando era niña y aprendí a caminar salía al jardín en luna llena y cantaba una canción extraña y sin sentido, aún la recuerdo, no sé de dónde venía... un canto a la luna. pfff!  Pero ahora, en tanto leo las historias antiguas de esos pueblos, el culto a la diosa, a la fertilidad, a la luna, a las islas sagradas y las islas secretas perdidas entre la niebla... Pienso en nuestra madre María, no en un culto a ella sólo se le rinde culto a Dios pero en conocerla y reconocerla más profundamente, sí como la madre de Cristo, pero como mujer... El libro que me recomendaste de María Valtorta me permitió ver más el paisaje que ella tenía, su gente, el aire... yo necesito sensaciones, aromas, no sólo las palabras... para poder adentrarme.

No es rezo, es una oración, meditar pero sentirla en todo mi ser, parte de mí, a Ella. Bendecir su vientre, su fruto, sus semillas, su luz, el azul del cielo, el mar. Cuando hago oración en el mar repito, "el mar me convierte en vientre, el mar me convierte en vientre"... "María, el mar de mi mirada".

Haz oración por mí Augustin.

Estoy dando talleres a mujeres ya con un camino de vida... madres, abuelas, esposas, viudas... aunque son de poesía, hago oración a María al finalizar las sesiones, en primavera hace una semana hicimos una ofrenda en el jardín, con miel, con nuestros objetos sagrados, hicimos danza... todo el cuerpo es poesía y el alma es su arpa, la música que nosotras tenemos en nuestro templo, nuestro cuerpo.


Así voy comprendiendo y siguiendo el camino.

Cómo vas tú?

Cómo va el árbol de albaricoque?


Albi, Tarn-France. 2012-mars.SofiaBlm



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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: