Surciel

Ella fue un territorio elevado sobre las colinas de una ciudad medieval. Nadie sabe de dónde llegaron los primeros que la habitaron, pero sobre ella edificaron todas sus preguntas. Así que con el paso del tiempo ni de las nubes ni de las fuentes brotaron las aguas que fertilizarían sus tierras... sino las palabras. Del cielo ellas caían convertidas en plegarias... corrían por sus veredas y al escapar de noche entre murmullos eran como luciérnagas. Los niños, hasta el día de hoy, en aquella olvidada coordillera salen con la luna nueva a atraparlas en frascos de vidrio.
Cuando he llegado a los pies de sus caminos, entre los umbrales del aroma a lavanda y libros viejos, los niños que aún quedan te reciben con las palabras luminosas para mostrarte el último sendero, el que te lleva a las orillas de otros cielos.
Recuerdo la tarde en que llegué. Recorrí días en tren, todo parecía real. Como dentro de un sueño, de esos en que respiras el aroma del queso, del vino y los corderos. La gente sonreía, elevaba sus ojos vertiendo alabanzas porque llegaba un nuevo peregrino, y nosotros bebemos de sus aguas, de sus fuentes, con cada pregunta que nos ilumina el recuerdo, de caminos ya olvidados en otras latitudes.

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: