los amigos y el eterno retorno
Acobijo 500 palabras
en el autobús de regreso.
24 horas de viaje.
Poesía en la piel.
Meditación de cuencos de agua.
Color escarlata, sangre turquesa.
En una habitación recién creada
por un corazón de mujer.
Caminé con ella en otros cielos.
Y con él.
El mejor amigo que llegó
como llegan los buenos tiempos
siempre en luna creciente.
En luna nueva me dejo aparecer.
En luna creciente los demás
aparecen.
Así que juntos los tres
éramos como flores de loto en un estanque
abiertos a la noche, a las lunas
al mar bioluminiscente.
Las palabras de los otros,
de aquellos que circundan nuestros
horizontes, no importaron.
Los amores distantes,
o los amores esquivos.
En noches de mar inmenso
no hay fuga, nadie huye.
Las estrellas caen
sobre el cielo estrellado
pero es la estela
el propio camino de tu cuerpo.
El que deja un instante
gravado en la piel celeste
lo que eres, lo que somos.
Instantes.
No existen besos que naufraguen
Ni silencios que escondan temores.
Todo cuanto es, es.
Alas y olas,
sales y soles.
Después de este tiempo
compartido,
ya no hay partidas ni regresos
puntos de origen ni de llegadas.
Visitar la isla equivale
a abrir alas,
las mías las de aquellos.
no hay ecos... no hay murmullos
no hay añoranzas, penas,
lamentos, lágrimas, angustias...
no queda más que una mirada
profunda, oscura, misteriosa
que una mañana luminosa subió
a la palapa del muelle
a sentir el viento
a mirar a la joven que muta
en niña, mujer, escritora...
a mirarla lenta y misteriosamente
desde sus insomnios...
Pero al final la mirada y aquel
director de orquesta, no volvieron más.
Sólo quedan los amigos,
sus sueños, sus reposos,
y el eterno retorno.
27julio.2013. Bela/Córdoba
en el autobús de regreso.
24 horas de viaje.
Poesía en la piel.
Meditación de cuencos de agua.
Color escarlata, sangre turquesa.
En una habitación recién creada
por un corazón de mujer.
Caminé con ella en otros cielos.
Y con él.
El mejor amigo que llegó
como llegan los buenos tiempos
siempre en luna creciente.
En luna nueva me dejo aparecer.
En luna creciente los demás
aparecen.
Así que juntos los tres
éramos como flores de loto en un estanque
abiertos a la noche, a las lunas
al mar bioluminiscente.
Las palabras de los otros,
de aquellos que circundan nuestros
horizontes, no importaron.
Los amores distantes,
o los amores esquivos.
En noches de mar inmenso
no hay fuga, nadie huye.
Las estrellas caen
sobre el cielo estrellado
pero es la estela
el propio camino de tu cuerpo.
El que deja un instante
gravado en la piel celeste
lo que eres, lo que somos.
Instantes.
No existen besos que naufraguen
Ni silencios que escondan temores.
Todo cuanto es, es.
Alas y olas,
sales y soles.
Después de este tiempo
compartido,
ya no hay partidas ni regresos
puntos de origen ni de llegadas.
Visitar la isla equivale
a abrir alas,
las mías las de aquellos.
no hay ecos... no hay murmullos
no hay añoranzas, penas,
lamentos, lágrimas, angustias...
no queda más que una mirada
profunda, oscura, misteriosa
que una mañana luminosa subió
a la palapa del muelle
a sentir el viento
a mirar a la joven que muta
en niña, mujer, escritora...
a mirarla lenta y misteriosamente
desde sus insomnios...
Pero al final la mirada y aquel
director de orquesta, no volvieron más.
Sólo quedan los amigos,
sus sueños, sus reposos,
y el eterno retorno.
27julio.2013. Bela/Córdoba





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