La sacralidad del desierto: Acercamiento al mito y a la religión wixarika
“Nos lavamos la cara
con el agua del manantial. La cara, las orejas, la nuca, nos mojamos la
coronilla. Todavía inclinados tomamos una profunda respiración y luego
levantamos los ojos para mirar el cielo entre las copas de los árboles. Pero
sus hojas parpadean muy rápido, como estrellas y vemos otros lugares. Otros
rostros. Apenas estamos por comenzar a caminar y los ancestros nos hablan, no con palabras, más bien así como un temblor en
todo el cuerpo. En la falda de la tierra se dibuja un enorme rombo, formado por
lugares que recrean momentos del canto. En una laguna grandísima, allá en el
Sur canta el agua donde se levanta un árbol, Xapavillemeta. En el Norte un
madero muy antiguo es ahora una montaña, se ha hecho piedra después de navegar
por los cinco puntos llevando la semilla original en su corazón, Hauxa Manaka.
En el Poniente sigue abierto el abismo en el océano donde el principio sigue
pariendo formas, incansable, fértil, profundo: Haramara. Una jícara de tierra
en el Oriente es bañada por el Sol que siempre está naciendo, flores de
sabiduría, Wirikuta. Y en el centro la cueva del fuego nuestro abuelo que todo
lo ha visto Teakata.
Un ojo de dios, puerta abierta resplandece y nos invita a entrar y salir, a caminar con confianza para entregar nuestras ofrendas, plegarias y antes que nada, el agradecimiento por esta vida sagrada.
Un ojo de dios, puerta abierta resplandece y nos invita a entrar y salir, a caminar con confianza para entregar nuestras ofrendas, plegarias y antes que nada, el agradecimiento por esta vida sagrada.
Apenas vamos a dar el primer paso y ya llegamos.
Cinco
Ancestros[i]
La sacralidad del
desierto:
Acercamiento al
mito y a la religión wixarika
“Según nos cuentan viajeros que todavía han oído
estas leyendas de boca de la gente del pueblo, en tiempos muy remotos -en las
tierras que ocupa ahora el imperio griego- debió de haber poetas que, con el
extraño son de maravillosos instrumentos, despertaban la secreta vida de los
bosques y los espíritus que se escondían en las ramas de los árboles; hacían
revivir las simientes y convertían regiones yermas y desérticas en frondosos
jardines; […] Hasta llegaban a arrancar a las piedras de su inmovilidad para
hacerlas moverse al ritmo de sus cantos. […] conocían los secretos del futuro,
las proporciones y la estructura natural de todas las cosas, y hasta las
fuerzas interiores y las virtudes curativas de los números, de las plantas y de
todas las criaturas. A partir de entonces la Naturaleza, que hasta aquel
momento había sido una selva en la que reinaban la confusión y la discordia, se
llenó de múltiples y variados sonidos y de extrañas simpatías y proporciones”.
El anterior fragmento citado por el poeta Novalis en el reportaje de
Artes de México acerca el arte huichol[ii], asienta las bases del
presente documento el cual pretende iniciar un acercamiento a una comunidad
indígena del Altiplano Central de México, popularmente conocida como “etnia
huichol”, en su idioma es reconocida como etnia wixarika (y pronunciada
correctamente wirrárika). La etnia de
los artistas que ofrendan su arte –su trabajo cotidiano- a las divinidades que a su vez les entregan día a día el calor del
sol y de las lluvias, las estaciones del año y el maíz como alimento sagrado.
Poetas, músicos, pintores, artesanos y artistas, pero al mismo tiempo
chamanes, en relación directa con la Tierra, hijos de ella. Integrados a la
vida y a sus ciclos en un movimiento sagrado.
La relación de este maravilloso grupo dotado de una cultura actualmente
viva y en lucha por su territorio -al cual defienden como parte de una geografía
sagrada- con la clase de Teoría de las Religiones, es la de conocer de cerca cómo
viven el hecho sagrado frente al hecho religioso, ¿cuál es la diferencia
entre algo sagrado y algo meramente de carácter religioso? ¿Cuáles son sus imágenes sagradas, sus símbolos y las razones míticas de ello?, ¿Qué cosmovisión
les explica a los wixaritari (plural de wixarika) el sentido de sus existencias
y bajo qué rituales los reviven?,
¿Cómo es que han logrado permanecer vigentes sus métodos ancestrales de vida frente a la situación de los gobiernos
actuales y frente al vertiginoso crecimiento capitalista de las ciudades que
los rodean? ¿Cuál es su filosofía de
vida, sus oraciones, sus celebraciones y su organización social finalmente, frente al devenir histórico?
Estas preguntas son a las que nos iremos acercando a lo largo de las
siguientes páginas al aproximarnos a su interioridad cultural, pero también intentado
encontrar algunas semejanzas y divergencias frente al fundamento religioso de
nuestros estudios teológicos que son el judeo-cristianismo y principalmente la
comprensión histórica desde diversos ángulos de la religión Católica.
Hace unos meses en un encuentro con mesas de trabajo sobre la situación
de las mineras que quieren apoderarse del territorio sagrado huichol conocido
como Wirikuta, del que se hablará más adelante, un jefe de gobierno, me
comentaba:
“Nosotros no necesitamos a los sacerdotes católicos porque tenemos a los
nuestros y nos hablan y celebran en nuestra propia lengua. Además, su Jesucristo
está vivo en nuestro Hermano Venado Azul Kauyumarie. Y su virgen Guadalupe, es
ella la misma, es nuestra Madre Tierra Tatei Werika Wimari[iii]
¿Qué ocurre entonces cuando el Catolicismo buscando la unificación de su
credo ha dejado de lado que las propias culturas ancestrales de Mesoamérica y
de todo el continente de América son poseedoras de una sabiduría que conecta
directamente con el mismo hecho de fe en un mismo Espíritu pero bajo nombres
distintos?
¿Puede existir un diálogo religioso entre las prácticas rituales
huicholes de comunión con la práctica más importante de la tradición Católica,
la Eucaristía?, ¿Podría existir una Eucaristía, una mesa que convierta el
cuerpo y la sangre de un hombre que entregó la vida por la humanidad, que sea
semejante a la comunión que los huicholes hacen en su peregrinación al desierto
sagrado de Wirikuta en donde el alimento sagrado es el Híkuri que proviene de las entrañas de la Tierra?
¿Qué elementos de base necesitaríamos nosotros como lectores que
regularmente desconocemos estas prácticas ancestrales y de entrada las
etiquetamos de forma excluyente creyendo que a nosotros “los occidentales” nos
pertenece la Verdad?
El camino de los cuestionamientos ya fue abierto, ahora, comencemos
nuestra propia peregrinación.
I.
El camino del desierto (imagen de lo sagrado)
De acuerdo con Mardones[iv], el concepto de “lo
sagrado” es para muchas religiones mucho más importante que la noción de Dios,
es decir, se puede no tener una concepción poco precisa de una divinidad como
en el caso del Budismo, pero no se puede carecer de una distinción entre ‘lo
sagrado’ y ‘lo profano’. El camino para comprender de inicio, qué es ‘lo
sagrado’, lo podemos retomar como lo hace el autor partiendo del sociólogo
francés Emile Durkheim quien entiende el concepto como “una proyección
simbólica de la identidad del clan o de un grupo tribal” es la acción colectiva
del clan la que suscita la sensación de poder, de fuerza misteriosa, de lo
sagrado. Así, el clan es lo que está en el origen de lo sagrado y de su
religión. Con ello se crea un culto que integra acciones colectivas simbólicas
siempre que el individuo percibe la experiencia de lo sagrado desde “la
salvación”. La religión será la herramienta a través de la cual se “administra”
lo sagrado, lo que el clan ha dotado de símbolos de salvación.
Para Rudolf Otto,
teólogo e historiador de las religiones, ‘lo sagrado’ se sitúa más allá del
ámbito humano, a lo cual le da el nombre de ‘lo numinoso’, la realidad
trascendente que no es producto del individuo sino el objeto de su experiencia
religiosa. Podemos ver claramente aquí la disertación entre un “fenomenólogo”
frente a un sociólogo en el caso de Durkheim, éste pone de relieve a la
sociedad como la creadora de símbolos mientras Otto se mueve en una línea que
sobrepasa a la realidad y llega a ‘lo misterioso y sobrecogedor’.
Misterium tremens et fascinans. Esta es la cualidad que se le
otorga a la experiencia religiosa de lo sagrado. Un estado de ánimo intenso que
nos sobrepasa y nos cubre de un sentimiento de temor ante lo desconocido e
inabarcable dentro de lo divino pero que al mismo tiempo protege y dota de
seguridad en medio de ‘lo fascinante’ al ser humano que se vuelve consciente de
su misma pequeñez ante la inmensidad del Universo.
Aquí entra la
aportación que le da sentido completo a lo que estos filósofos proponían, y es
el punto de vista de Mircea Eliade ya desde la hermenéutica, es decir, desde la
interpretación que va a articular las aportaciones anteriores y las va a integrar
dentro del estudio del fenómeno religioso de una manera interdisciplinaria.
Eliade nos dice que efectivamente ‘lo sagrado’ es una realidad que trasciende
el mundo pero que al mismo tiempo se manifiesta en medio de él. Es decir,
sobrepasa al hombre, está muy por encima de él pero de la misma manera está en
él. La Hierofanía es justamente este
punto en el que aquello sagrado se muestra ante nosotros. Es cuando aquello de
profano, deviene en sagrado más allá de que lo estemos mirando con otros ojos,
es el hecho de comprender cómo algo ordinario deviene en un símbolo
extraordinario.
Es así como a los
fenómenos religiosos los cubre un aura sumamente especial, una atmósfera que se
percibe poco común y no todo el mundo es capaz de captar la belleza, las sensaciones
o ese clima si no poseen cierta sensibilidad.
Lo sagrado tiene rasgos específicos, están dotados de mayor dignidad,
son íntegros en sí mismos, y con el hecho de percibirlos generan una especie de
sanación en quien los reconoce como tal.
Por ello, cada religión está organizada en torno a un grupo de cosas
sagradas que representan a través de danzas, ritos, mitos, creencias y
celebraciones. En el hecho sagrado existe también una ‘ruptura de nivel’.
Cuando el hombre experimenta lo sagrado comienza a existir de una forma nueva.
Se tratará del mismo mundo pero vivido de otra manera. Muchas veces es esto lo
que se vive en los ritos de iniciación que llevan a una conversión e
iluminación, es decir, a una auténtica revolución interior. En palabras de
Eliade, “El hombre renuncia a vivir su vida intramundana por otra de horizontes
más amplios (iluminación, liberación, salvación). Para conseguir la meta el
hombre se ayuda de técnicas y prácticas (de autocontrol, ascética, yoga)”.[v]
En el caso de la tradición ritual de los wixaritari existe una
peregrinación anual al desierto sagrado llamado Wirikuta (desierto donde crece
el peyote, en los alrededores de la estación de tren llamada Real de Catorce),
lo que se explicó en las líneas anteriores, se ejemplificará con la descripción
de este ritual centrándonos en su cosmovisión y mitos.
“La peregrinación que los jicareros huicholes realizan hacia Wirikuta es
un rito de iniciación que conlleva una búsqueda de visiones. Pero el término
peregrinación debe tomarse con reservas; es decir, hay que despojarlo de las
concepciones derivadas de las prácticas cristianas. En el viaje a Wirikuta
efectivamente se visitan santuarios y, en el camino, los peregrinos buscan
purificarse. Sin embargo, la peregrinación huichola es mucho más compleja, pues
implica aspectos que la óptica cristiana no abarca, por ejemplo, transformarse
en ancestros o en peyote. En este rito de iniciación los jicareros adquieren un
estatus social diferente y jerárquicamente superior. Y es que, en la
lógica wixarika, esta práctica no solamente los acerca a lo
sagrado, sino que los transforma en dioses, lo cual tiene consecuencias que
veremos más adelante. El grupo de jicareros conforma una suerte de escuela de
iniciación, pues durante los años que dura el cargo, cada uno aprende las rutas
de peregrinación y conoce los lugares de culto, se enseña de mitología y cantos
rituales, y tendrá que transmitir estos conocimientos a los jicareros menos
experimentados conforme tomen sus cargos.[vi]
Cuando la peregrinación se inicia ellos salen del
mundo oscuro, ubicado abajo en el Poniente, del lado de Nayarit, donde tiene
origen su historia, un peñasco ubicado en las costas de San Blas, al que llaman
Haramaratsie (lugar de culto dedicado
a Tatei Haramara, Nuestra Madre el
Mar), en busca del Amanecer. Encuentran
la luz en el desierto oriental, porque ahí logran transformarse en peyote,
entre cuyos efectos se cuentan el ver todo más luminoso.
Dentro del grupo de
peregrinos -los jicareros- hay cinco cazadores: el puma, el jaguar, el lobo, el
lince y otro felino, que persiguen al venado, el Hermano Mayor, Kauyumarie, quien según la mitología,
fue el primero en transformarse en peyote. Lo logró porque se entregó a ellos.
Antes de morir, les enseñó cómo celebrar sus ritos. Por eso los huicholes
consideran al venado como el fundador de la costumbre (yeiyari)[vii] y ellos lo continúan al
ingerirlo ya transformado en hikuli (así se pronuncia) y transformarse, ellos también, en
venados y peyotes.
Wirikuta es el lugar donde el venado se entrega voluntariamente al
cazador al transformarse en el primer peyote. Por eso podemos considerarlo el
mundo de la generosidad. Los jicareros que peregrinan hacia allá vuelven a
encontrar el país del Amanecer, pero, de cierta manera, cada viaje a Wirikuta
sucede por primera vez. Encontrar el Amanecer es un acontecimiento único e
irrepetible, en el que la euforia se mezcla con sentimientos de melancolía: da
lástima el venado que se entrega y las lágrimas de los jicareros se convierten
en la lluvia que traerá los beneficios de la tierra a sus comunidades. Wirikuta,
como todos los universos rituales, encierra una serie de paradojas. Tal vez la
mayor es que en realidad no se puede llegar hasta allá mientras uno no muera en
una muerte sacrificial. Durante la vida uno sólo se acerca. Pero los verdaderos
dioses están muertos. Como lo señalan también los estudiosos de las religiones
de la antigua Mesoamérica, la verdadera vida solamente existe después de una
muerte en el sacrificio.
Hasta aquí sí podemos encontrar una relación entre esta tradición ritual
del símbolo sagrado con la muerte de Jesús en el ámbito Cristiano, y entender
que su peregrinación es el caminar sobre las huellas de un pasado que restaura
el camino personal de cada jicarero o peregrino y que renueva la memoria
colectiva de sus ancestros volviéndose parte de un tiempo eterno. Para los wixaritari
la historia se convierte en memoria presente y ellos, como ya se dijo, en los
mismos dioses. Aquí, contrario al Cristianismo, nosotros como “peregrinos”
conmemoramos pero rara vez nos podremos sentir parte del sufrimiento y de la
ofrenda misma.[viii]
I.I. La geografía sagrada (el
simbolismo del templo vivo)
El desierto para los wixaritari es más que un símbolo, como se pudo
apreciar representa una geografía sagrada. Pero dentro de una geografía sagrada
existen símbolos que dotan de sentido su peregrinación, sus rituales y sus
mitos. El que aquí nos interesa profundizar es el del “templo”. El desierto
como un templo al que se llega después de un peregrinaje.
El símbolo presencia una
ausencia y actualiza algo que por sí sólo no puede alcanzarse por ser imposible
de percibir. Lo específico del símbolo, como se comentó en la clase, es ser
epifanía del misterio, manifestación de lo indecible. El símbolo nos abre a la
trascendencia en el seno de la inmanencia. El símbolo, además de desvelar,
vela, además de manifestar, oculta, para no disolver el misterio. Y en una sola
palabra, el símbolo es inagotable.
Para que el ser humano
dote de simbolización debe reconocer en él una nueva encarnación y esto se
consigue con sensibilidad y con la experiencia de haberlo vivido de forma
protagónica. Es decir, el hombre participa activamente del símbolo, de lo
contrario, no lo conocerá.
Simbolizar presupone
dotar de un carácter sagrado a eso que se simboliza, se “re-liga”, se integra a
la realidad. Y una comunidad religiosa, de cultos y rituales, es en sí misma
una hierofanía, la revelación de una realidad absoluta. Esto se logra sólo
mediante el misterio. Finalmente, lo que cambia con el tiempo no son los
símbolos, sino sus significados. El hombre da nombre a aquello que primero ha
contemplado y dotado de sentido. Pero en determinados momentos el silencio
categoriza lo que es inefable. Si el hombre busca y trata de expresar con
palabras el misterio que le envuelve y le desborda, llegará un momento en que
tendrá que dar un salto cualitativo y convertirse en un hombre capaz de callar
y adorar.[ix]
Antes de hablar sombre el desierto sagrado como templo simbólico, es
útil mencionar que los huicholes consideran que los mestizos son más antiguos
que ellos. A veces, se llaman a sí mismos los hermanos menores. Piensan que los
huicholes fueron los últimos en comenzar a peregrinar rumbo a Wirikuta. Y sin
embargo, son los únicos que aún no se han perdido, que siguen caminando en la
busca del Amanecer. Participar en estos ritos es más que aprender a ver el
mundo de otra manera. Se trata de percibir e inventar el mundo nierika,
el mundo de los ancestros. Si lo vinculamos con la tradición occidental,
podríamos decir que se trata de recuperar el concepto griego de aletheia.
¿Qué se quiere decir con esto?
En Grecia, el concepto de “verdad” (aletheia) era de carácter
poético, profético y chamánico. La “verdad” no dependía de la existencia de una
realidad objetiva autónoma, sino que era producida por el poeta en contextos
rituales. El opuesto de aletheia, lethe, no significaba
falsedad, ni mentira, sino olvido. Los poemas no solamente “narraban”
acontecimientos cosmogónicos; la enunciación de los mitos en el contexto ritual
implicaba el acontecer de la creación y la renovación del mundo, de los dioses
y de los héroes.[x]
Los peregrinos del
desierto sagrado tienen que crear el mundo en el contexto ritual, su labor no
sólo implica una poética como la que hemos visto, sino también una estética. Su
concepto de belleza se asocia al ámbito luminoso del desierto. Lo bello es lo
pequeño, lo tierno, lo brillante y lo traslúcido, como las gotas de agua, las
chaquiras, las plumas y los venados. Y esto, justamente es simbolizar para
dotar de sentido.[xi]
Hoy, ese Desierto del Amanecer que da sentido a la
visión del mundo de un pueblo entero se encuentra amenazado, pese a su
importancia como reserva natural y como espacio cultural. Protegerlo va más
allá de salvaguardar la religión de un pueblo, que en sí ya es un objetivo encomiable.
La práctica wixarika, como hemos visto, es arte, un arte creado por
una comunidad de chamanes-poetas que nos permite conocer horizontes estéticos
insospechados y de una vitalidad sorprendente. [xii]
Lo que hace
diferente el arte huichol es que sin ser considerado “arte sacro” es
efectivamente un arte que deriva y que apunta hacia lo sagrado. Es un arte y al
mismo tiempo una religión cubierta de ritos como de colores y cantos que
integran la concepción de un “templo” en el desierto mismo. De acuerdo a
Chevalier[xiii]
la raíz remite a un lugar reservado a los dioses, recinto sagrado que rodea a
un santuario y es lugar intocable. La propia palabra Templo, está incluso ligada a la observación del movimiento de los
astros. Palacios Torres lo explica de la siguiente manera:
“El ‘templum’ significaba primitivamente el sector
del cielo que el ‘Augur’ (oficiante-adivino romano) delimitaba con la ayuda de
su bastón y en el cual observaba, ya fueran los fenómenos naturales, o bien, el
vuelo de los pájaros; ahí se llegó a designar el lugar o el edificio sagrado
donde se practicaba esta observación del cielo”.[xiv]
En pocas palabras,
el templo es un lugar de observación del universo, y para la cosmovisión
wixarika esto quiere decir que ellos mismos son un vivo reflejo de ese universo
que parpadea sobre sus cabezas. De acuerdo al cosmos divino, el cielo “es la
habitación de Dios sobre la tierra”, “es un reflejo del mundo divino”[xv].
No obstante, si decimos que un
templo es “la réplica terrenal de un arquetipo celeste” dentro del imaginario
huichol esto no se logra ajusta. No existe arquetipo celeste de su geografía
sagrada, pues el desierto es la configuración de su interioridad, es donde
ellos mismos devienen dioses. Ellos son entonces, el templo sagrado más
importante.
Si de igual manera se considera el útero materno un templo, el primero
donde se desarrolla nuestra propia vida. Los huicholes conciben a la tierra ése
útero en el que se siguen desarrollando. Ellos la habitan porque ella es su
alimento y su templo primigenio. No se consideran a ellos mismos seres del
universo, de un plan cósmico infinito si podemos llamarle así, ellos se
perciben como semillas de la tierra.
En el centro de todo templo existe un pilar, conocido también en su
forma latina como Axis mundi, es el
eje que unifica la horizontalidad y la verticalidad, los cuatro puntos
cardinales y dota de orden y sentido al universo. Si para los mayas el axis
mundi se interpreta en la ceiba sagrada, en los huicholes su eje no carece de
materia pues no es un objeto en sí mismo. Si el axis mundi del Cristianismo en
la Cruz y Jesucristo como símbolo supremo de Cielo-Tierra-Ofrenda y Salvación
que con los brazos abierto está acogiendo a la humanidad, para los huicholes,
es el Nierika, su eje, su centro. Su semilla. Y la comprensión nos exige ser
sumamente cuidadosos para explicarla si no hemos entrado en su dinámica
simbólica aún.
II.
El Nierika
“Ver el mundo en un grano de arena, y
el cielo en una flor silvestre.
Tener el infinito en la palma de tu
mano, y la eternidad en una hora.”
William Blake
Dentro de la
cosmovisión ancestral wixarika, ellos tienen un especial “instrumento” que
otorga “el don de ver”. Por medio de él ingresan a experiencias visionarias y
puede ser usado tanto por chamanes como por artistas. El arte, como un nierika,
implica que la imagen no se conciba como representación sino como un umbral de
renacimiento. Si hasta aquí nos continuamos preguntando ¿qué cosa puede ser
nierika?, un artesano pondrá dentro de un cuadro de estambre y varitas un
espejo circular que ofrendará y por su reflejo obtendrá el nierika en una
ceremonia. Un peregrino dirá que un pequeño manantial es un nierika en el
desierto en donde podrá lavarse su rostro y mirarse en el reflejo del agua, un
artista verá su obra como un cuadro que narre el nierika por el cual recibió la
inspiración para crear ese paisaje donde narrará algún mito o el mismo desierto
sagrado integrado en él. Finalmente, nierika será una visión mágica que dentro
de su religión ve la forma interior de todas las cosas, incluso la existencia
ordenada y estructurada que requiere una búsqueda continua.
Se es entonces peregrino, chaman, artista y sacerdote. Cuando un hombre
realiza un cuadro es porque ha participado previamente de los ritos y
peregrinaciones. Como lo dijo Olivia Kindl, etnóloga y antropóloga del arte,
“los huicholes son un pueblo que camina hacia la búsqueda del alba”. El hikuri,
conocido occidentalmente como peyote, es el nierika que les abre la mirada a
las visiones cósmicas más intensas con las cuales ven el mundo.
El mito será el soporte de una realidad que se renueva en el ritual en
donde, gracias al nierika vuelven a ver las cosas, como en el origen.
III.
El sentido
de la realidad a través del mito
El mito es el
relato de un acontecimiento originario en el que actúan los dioses con la
intención de dar sentido a una realidad significativa. El mito se narra, es una
secuencia de episodios, como el que se ha puesto al inicio de este trabajo
configurando un acontecimiento determinado. El mito es un relato sobre los orígenes
pero aunque se habla de que el mito es un acontecimiento imaginario que el homo religiosus es el que lo crea, en el
caso huichol podríamos decir que no es imaginario sino real, y sí, hasta cierto
punto “visionario” debido a la cualidad del nierika contenido en el hikuri.
III.I Kauyumari, Jesucristo y un
mito “visionario”
Antes de hablar del
Venado azul y sus reminiscencias míticas a la historia de Jesucristo dentro de
la tradición judeo-cristiana, vamos a mencionar cómo dentro de la geografía sagrada
del templo que representa el desierto y el mismo peregrino en su camino hacia
él donde queda dotado de nierika de muy diversas formas, mencionar los lugares
de culto en esa senda.
“Los lugares de culto –cerros, rocas, piedras, cuevas, ojos de agua, lagunas
y el mar, son consideradas moradas de antepasados divinizados. En tiempos
míticos, mediante sacrificios y autosacrificios, los antepasados se
convirtieron en hombres-dioses o iniciados. También se transformaron en las
cosas que sus descendientes necesitaban para vivir: agua (en sus diferentes
formas), maíz y otras plantas alimenticias; el Sol, venados y otros animales;
tabaco y peyote. Por eso es que, según dicta la cosmogonía huichola, todos
estos elementos de la naturaleza son, “en realidad”, personas. (…).
Las transformaciones cosmogónicas muchas veces implican un giro en la
lógica narrativa. Por ejemplo, una gran roca blanca solitaria que se encuentra
en el mar, a cierta distancia del Estero del Rey, en el puerto de San Blas, es
el punto de partida de kawitu, que
conduce al iniciante hasta el otro lado del umbral del “tiempo-espacio”. Siendo
el lugar de culto de Tatei Haramara, la diosa Madre del Mar, este monolito
marca el primer objeto sólido del cosmos. (…)”[xvi]
El desierto es un
pliego sobre el que está escrita la historia, el mismo desierto fue dejando las
huellas de una historia que se vuelve a vivir tras cada peregrinación. Entre
sus mitos cosmogónicos principales el del Venado, como ya lo comentamos, es el
que mayor interés nos causa. De acuerdo a datos de artista huicholes, Wirikuta
se creó al llenarse del espíritu del Venado Azul. Se narra la actualidad del
mito de la siguiente manera:
“Nuestra Madre Joven Águila, Tatei Werika Wimari y
Nuestro Hermano Mayor el Venado Azul Tamatsi Maxa Yuawi, penetran en la tierra
de Wirikuta, el desierto en el que nace el sol. Nuestro Hermano Mayor ha
colocado elote, flecha y jícara untados con sangre de venado. Con esta práctica
ritual el maíz es fertilizado, la flecha ha adquirido el poder de llevar
mensajes a los dioses, y la jícara se ha transformado en un recipiente de
visiones y plegarias, especialmente para la lluvia. (…). El poder de la tierra
en Wirikuta se extiende a los cuatro puntos cardinales”.[xvii]
Pero, en el inicio
de los tiempos, el Venado Azul había realizado un viaje desde el mar, pasando
por el mundo oscuro para llegar a la tierra sagrada del oriente. Al llegar fue
atacado por escorpiones y tuvo que pasar por una serie de pruebas como las que
cualquier héroe debe pasar en su camino para conseguir mitificarse como la
ofrenda viva convertida en el peyote que los peregrinos buscan al llegar a la
zona sagrada. Recordando que para entender el mecanismo de la expresión mítica,
se debe tomar conciencia de que en un relato de tal estructura, los dioses importan
por lo que hacen, no por lo que son.
Y que todo lo que es significativo para
un pueblo necesita ser originado por
los dioses.
El mito establece
una conexión arquetípica (simbólica)
con la trascendencia. Genera y refuerza los paradigmas divinos de las cosas
significativas y de los sucesos
relevantes de una cultura determinada. Y por cuanto los dioses hicieron las
cosas de tal forma, éstas son como son en este momento. La similitud del Venado
Azul que entrega su sangre a la Tierra para que ésta sea restaurada y los
hombres puedan seguir viviendo en ella es redimida también por la concepción de
una Madre que da el alimento, que antes a él ha dicho “sí”. El alimento de la
Madre Tierra para los huicholes es el maíz y sus ritos son todos organizados de
acuerdo al calendario natural de siembra y cosecha. La sangre ha renovado la
tierra. El ciclo continua, pero ellos lo deben recordar año con año,
peregrinando y renovando las huellas de su historia. Repitiendo el camino que
los reintegra con la divinidad del sacrificio (del sacro-oficio) de ser
peregrino, de ser “jicarero” (el recipiente humano-el templo) que recibe la
historia que deja de ser mito para convertirse en la única realidad.
IV.
El ritual de la danza y el arte (El Mitote)
La palabra mitote deriva del náhuatl que
significa “baile”. Regularmente son danzas circulares que se celebran en las
épocas más importante del ciclo agrícola. El primer mitote hace referencia a
los primeros frutos y a la iniciación de los niños en las prácticas sociales de
su comunidad. El segundo corresponde al almacenamiento de las semillas, la
preparación de las milpas y la iniciación de los adultos en cargos de mayor
responsabilidad de su comunidad y el último es el mitote de la siembra.
Las danzas se celebran en adoratorios sencillos
conocidos como xirikite, y está enfocado al culto del maíz y de los ancestros
de la familia que organiza y recibe a la comunidad.
Los patios de
los mitotes comunales pueden contar con una arquitectura elaborada de tradición
prehispánica, como los centros ceremoniales tukipa de los huicholes, donde se
revive la comunidad original de los dioses o de los ancestros míticos.
Todas las danzas tipo mitote pueden interpretarse como actualizaciones
del mito. Los telares de cintura usados por las tejedoras huicholas son modelos
del paisaje sagrado organizado a partir de dos ejes, el solsticial y el
equinoccial: los hilos de la urdimbre representan el camino de la peregrinación
que lleva del lugar de origen en el poniente —el océano Pacífico—, hasta
el lugar del amanecer —el desierto de Wirikuta—, en el oriente. Los hilos de la
trama, al parecer, se relacionan con el movimiento anual norte-sur que realiza
el astro diurno.
Cuando se celebra la iniciación de los niños recién nacidos, el camino
de la peregrinación es simbolizado, a lo largo del patio festivo, con un hilo
que conecta el tambor del cantador, sentado en el centro, con el altar ubicado
al oriente, que representa el Cerro del Amanecer. Los niños se identifican con
los copos de algodón y recorren el hilo de acuerdo con la narración del
cantador, quien describe en detalle cada uno de los lugares por donde se debe
pasar hacia el amanecer.
Las rutas de las
peregrinaciones también se representan con hilos o cuerdas en otros contextos.
Los mismos jicareros de los centros ceremoniales (tukipa) usan una cuerda con
nudos que simbolizan las estaciones del viaje a Wirikuta. Por otra parte, el
término que los huicholes usan para referirse a sus mitos cosmogónicos es kawitu, “el camino de la oruga” (kawi),
que guía a los peregrinos. Al final del camino, la oruga se transforma en
mariposa, al igual que los iniciantes se transforman en iniciados. De entre
éstos, quienes mejor conocen los mitos y las rutas de peregrinación son los
kawiterutsixi. Cantar kawitu equivale a caminar en las rutas de peregrinación,
practicar el autosacrificio cosmogónico, es decir, crear el mundo. Por eso,
éste puede pensarse como un tejido (una urdimbre) de textos rituales. Si
tomamos en cuenta que las escenas representadas en las
tablas huicholas son episodios de los kawitus, podemos apreciar que en el arte huichol los hilos (las cuerdas) son rutas y mitos, y el mundo es como un tejido. Así, no resulta una coincidencia que estas piezas sean elaboradas precisamente con estambre.
tablas huicholas son episodios de los kawitus, podemos apreciar que en el arte huichol los hilos (las cuerdas) son rutas y mitos, y el mundo es como un tejido. Así, no resulta una coincidencia que estas piezas sean elaboradas precisamente con estambre.
En este contexto, la
cera tiene también una importancia sumamente especial. Según el mito, el primer
cantador de mitote fue Tsitsikame, la Persona Abeja. Al ser asesinado por su
envidioso concuño, la Persona Garza, sus ojos se transformaron en las primeras
abejas (xiete). Otras partes de su cuerpo se convirtieron en las plantas
predilectas de dichos insectos, mientras que el sonido de su arco musical sigue
vivo en el zumbido de las diligentes productoras de miel.
Hikuli Neixa, "danza del Peyote", o mitote huichol del esquite
que se celebra a finales de la temporada seca, mayo o junio. En este mitote las
pisadas remiten también a la lluvia que se va acercando y a los brincos de los
venados atrapados.
V.
El mito de Tatewarí, el dios del fuego
"En el mundo inferior, "los que han nacido"
nacieron cuando todavía era de noche. Entonces, "los que saben",
cuando nacieron, dijeron: -¿Qué haremos para tener luz en nuestro mundo?
Primero nació la luna, su abuela, y tenía luz; pero ella
los engañaba. Ocurrió que en la noche se produjo un ardor en medio de las rocas
rojas y azules y una luz surgió de allí, desapareció, brilló de nuevo y luego
se apagó. Los Kakauiyárite (dioses) la vieron y dijeron: Qué pasó
en medio de las rocas? Vayamos a ver.
Uno de ellos se levantó y fue hasta la orilla del barranco
para ver qué pasaba. En el fondo del peñasco, un hombre viejo estaba acostado;
era una roca azul de aspecto horrible al contemplarla. Tenía sus flechas, una
pulsera, sandalias y un bastón emplumado del que emanaba una luz brillante. Al
ver esto, la persona se lo contó a sus padres y los Kakauyarite dijeron: -¿Cómo haremos para verlo de
cerca?
Los Tsaurixite,
"los que saben", dijeron: -Vamos a dispararle una flecha.
Le arrojaron pequeñas serpientes que fallaron el blanco y
cayeron, sin resultado alguno. Entonces Xuravetámai ("el niño de la estrella")
dijo: -Miren, padres míos, voy a pararme en el pequeño peñón que está arriba de
él.-Y entonces se puso allí, apuntó bien y disparó su flecha, que cayó en la
roca azul y la tumbó. Salió mucho humo. El anciano rodó cuesta abajo, por donde
las piedras azules y rojas estaban regadas. Otras personas lo levantaron, eran
los venados del Sur y del Norte. Lo nombraron su abuelo y lo colocaron en
sillas de madera de huisache, de upa y de ocote [los tipos de leña que se usan
para las fogatas]. Lo dejaron descansar y él brilló. En la noche brilló con tal
resplandor que todos los Kakauyarite presentes podían mirarse mutuamente y
reconocerse.
-Nuestro abuelo nació."[xviii]
Conclusiones
Hemos visto a lo largo de estas páginas la riqueza
de los símbolos y la grandeza de una cosmovisión que indica que el Pueblo de
Dios se manifiesta desde tiempos inmemoriales de muy diversas formas, y que
penetrar en la comprensión de los mitos
de una cultura implica llevar un gran equipo de análisis antropológico y
filosófico de entrada. Como estudiante de un seminario en Teología, este
trabajo de encontrar en una tradición ancestral vigente y que habita el mismo
territorio que yo habito, que es el amplio mosaico cultural llamado
México, me demuestra que el camino de la
fe en esencia es el mismo pero hacia afuera tiene múltiples ópticas que pueden
confundir a muchos que se jactan de tener consigo esa verdad.
Si bien la religión delimita al
re-ligar a un grupo hacia la unicidad interna, es nuestro deber en la
actualidad como iniciados en temas de teología, religar a las culturas en una
sola humanidad. El arte de la comunidad wixaritari se precia en otros países,
su trabajo, su mirada, ”su nierika”, pero no se ha mirado aún que sus danzas,
sus peregrinaciones y su geografía del desierto sagrado es una forma que al
occidental nos puede ayudar a comprender el origen sagrado que tenemos en sí
mismos por ser hijos de la Tierra.
El análisis dialogal interreligioso
creo que aún está distante. Antes ello tienen que ser resueltos sus problemas
de propiedad frente a las empresas mineras trasnacionales que se quieren
apoderar de su territorio. Después, hay que aprender a dialogar sobre el tema
de los psicotrópicos y la forma en como la gente ha ido llegado por olas, por
moda, a experimentar el desierto comiendo del hikuri que para ellos significa
“divino luminoso”.
El hombre al quitarle el sentido
sagrado y religioso, y no contemplar la maravilla de que verdaderamente existen
territorios sagrados, territorios-templos a cielo abierto, alienado por sus
búsquedas internas de satisfacción mental dentro de “viajes místicos” que le
dotan de un poder que para él no tendrán ningún sentido ni lo llevarán a ningún
lado que no sea una espiral de sensaciones que tarde o temprano acaban o lo
dejan sedado de por vida, no podrá ingresar en el conocimiento de esa otra
realidad divina que danza con nosotros. Que es Trinidad, vista desde otra
tradición. Todo lenguaje al final de cuentas, es sagrado, porque proviene del
aliento. De una historia primigenia. Más allá siempre de nuestra comprensión. Y
esto, es en sí el misterio.
[i] [i]Retomado de
venadomestizo.blogspot.com
[iii]
“Nuestra Madre, la Joven (o la virgen) Águila Real, diosa del cielo.
[iv]
Mardones,
[v]
ELIADE, Mircea: Lo sagrado y lo profano. Ed. Guadarrama. Madrid. 1980 (citado
en el resumen “Introducción a la historia de las religiones: lo sagrado”, realizado por Hilda Contreras Torres, 15 de
febrero 2013).
[vi] Año tras año los
centros ceremoniales huicholes envían grupos de jicareros (xukuri’+akete)
a Wirikuta, el semidesierto en el Norte de San Luis Potosí. Pero, ¿qué son los
jicareros y por qué se les llama “portadores de jícaras” o “personas jícara”?
Se trata de personas que ocupan cargos religiosos. Cada uno lleva una pequeña
jícara que es un ancestro, susceptible de transformarse en una deidad wixarika,
y que al mismo tiempo convierte a quien la lleva en ese ancestro. Por eso,
mientras uno tiene el cargo, recibe el mismo nombre que la deidad de su jícara:
Tatewari (Nuestro Abuelo), Tayau (Nuestro Padre). En el centro ceremonial, los
jicareros usan los diferentes templos como sus casas: el jicarero Tayau vive en
el adoratorio de Tayau; el jicarero Tamatsi vive en el templo de Tamatsi y así
sucesivamente. Las deidades huicholas son muchas. Un grupo de jicareros se
compone de hasta 30 personas. Juntos, los jicareros reviven los actos de la
comunidad original
, la de los ancestros que fundaron el mundo en una primera peregrinación
rumbo a Wirikuta, el Desierto del Amanecer. Antes de realizar dicho viaje, los
jicareros todavía no son dioses. Para convertirse en deidades, deben “nacer”;
es decir, salir de la jícara, que simboliza el vientre materno. Y esto se
consigue realizando el viaje a Wirikuta. Si todo va bien, los jicareros “nacen”
como ancestros después de este proceso. Y entonces efectivamente se convierten
en los dioses. Una de sus tareas en esta peregrinación es recoger peyote (hikuri).
Por eso se les conoce también como “peyoteros” (hikuritamete). Pero
solamente es correcto usar este término cuando ya están en el camino de
regreso, cuando ya se han transformado en peyote. Y es que esta cultura sigue
una lógica animista; es decir, entre ellos la transformación en animal o planta
es posible y relativamente fácil. De acuerdo con lo que se conoce como
ontología multinaturalista, todos los seres vivos son humanos y pueden cambiar
de apariencia, de piel, pero no de alma. De modo que en las prácticas wixaritari, uno no come peyote, uno se
transforma en hikuri.
[viii] El viaje a Wirikuta
es una búsqueda colectiva de visiones. En el contexto de la etnografía
amerindia el rito huichol es algo único, entre otras razones, por ésta. Hay
muchos grupos que realizan ritos de iniciación que implican búsquedas de
visiones. Los indios de las Grandes Llanuras de Norteamérica (Plains Indians),
por ejemplo, se internan en un paraje solitario, ayunan durante muchos días y
esperan obtener una revelación onírica o visionaria (Feest 1998). Ritos
similares se han reportado de Amazonía (Descola 2005). En todos estos casos, la
experiencia visionaria es algo solitario e íntimo. También hay casos en que,
pese a que las iniciaciones y la búsqueda de visiones son colectivas, al final
de cuentas cada quien experimenta las visiones de forma individual. Y,
naturalmente, éstas se presentan en diferentes momentos. Esto sucede, por
ejemplo, en el sur de California, donde existía una iniciación colectiva con
Datura (toloache) y entre los tohono o’odam de Arizona,
que realizaban una peregrinación a un sitio en el Golfo de Cortés donde
recogían sal. En el camino de regreso, algunos experimentaban visiones. En el
caso de los huicholes es importante que la experiencia visionaria también sea
colectiva. La ingestión de peyote facilita que sea así. Desde luego, hay muchas
visiones individuales, pero también hay otras que son experimentadas simultáneamente por todos los miembros del
grupo. Juntos experimentan el Amanecer, juntos sueñan con la lluvia del oriente
que nace del polvo del desierto y de las lágrimas de los peregrinos. La luz del
Amanecer se refleja en las caras de los peregrinos, en las bellas pinturas
faciales de color amarillo que usan los peyoteros. No todos se pintan con el
mismo diseño, porque, obviamente, la gente no experimenta exactamente lo mismo,
siempre es algo similar, aunque hay variedades en los matices.
(…) Ir a Wirikuta implica un rito relativamente fácil, pero el regreso es un proceso largo y complicado. La reintegración de los jicareros a la comunidad es compleja porque ellos se han transformado en los ancestros, los dioses, seres potencialmente peligrosos que, como veremos más adelante, han sido creados por los huicholes. Cuando los jicareros reaparecen en las comunidades de la sierra llevan sombreros con plumas blancas que son flores de peyote (tutu). Al portarlos, las personas-jícara son personas-peyote. En la danza del peyote, el último acto ritual de los jicareros, la transformación continúa: se quitan las plumas de los sombreros y elaboran trajes de danza con los que el grupo de peyoteros se convierte en la serpiente de nubes (haiku). En la danza del peyote se ve cómo ésta llega para lavar el mundo. Haiku es el iyari del mundo, el “alma” o “aliento” del cosmos. Sin los peyoteros, el mundo no podría ser un ser vivo.
(…) Ir a Wirikuta implica un rito relativamente fácil, pero el regreso es un proceso largo y complicado. La reintegración de los jicareros a la comunidad es compleja porque ellos se han transformado en los ancestros, los dioses, seres potencialmente peligrosos que, como veremos más adelante, han sido creados por los huicholes. Cuando los jicareros reaparecen en las comunidades de la sierra llevan sombreros con plumas blancas que son flores de peyote (tutu). Al portarlos, las personas-jícara son personas-peyote. En la danza del peyote, el último acto ritual de los jicareros, la transformación continúa: se quitan las plumas de los sombreros y elaboran trajes de danza con los que el grupo de peyoteros se convierte en la serpiente de nubes (haiku). En la danza del peyote se ve cómo ésta llega para lavar el mundo. Haiku es el iyari del mundo, el “alma” o “aliento” del cosmos. Sin los peyoteros, el mundo no podría ser un ser vivo.
[ix]
Extraido del resumen realizado por María José Ruiz Ordoñez para la clase, “El
símbolo”, 01 de marzo, 2013.
[xi] Del mismo modo
también han desarrollado toda una “estética de la fealdad” para representar a
los seres “del mundo de abajo”, el de los no-indígenas, mestizos o teiwarixi,
el (infra)mundo que no es creado, a diferencia de Wirikuta, y que siempre
existirá. Es el territorio de los monstruos, de los “viejos de la danza” con
sus máscaras “feas” y barbudas. Es un espacio caótico, subdesarrollado y, como
explica el ecologista wixarika Pascual Pineda, “es un mundo
no-sustentable”.
[xii] Un arte honesto,
enraizado en prácticas ancestrales y que, sin embargo, puede considerarse más
vigente que el que se exhibe en muchos de los mejores museos del mundo. Un arte
de gran profundidad que nos invita a reflexionar sobre los alcances de la
creatividad humana y sobre la necesidad urgente de protegerlos del ímpetu
demoledor de la sociedad contemporánea.
[xiii] Diccionario de los símbolos, Barcelona. 1986
[xiv]
Palacios Torres, Alejandro. Aportación a la clase, “El templo y su simbolismo”
el día 19 de abril de 2013.
[xv] Idem
[xvi]
Neurath, J. “Ancestros que nacen” en Revista Artes de México, n.75. CONACULTA,
2012. P.22
[xvii] Ríos
Martínez, J. “La peregrinación del Venado Azul es detenida por el escorpión”,
en Revista Artes de México, n.75. CONACULTA, 2012. P.62
[xviii] Versión documentada por K. Th. Preuss en 1906. Disponible en http://www.mna.inah.gob.mx/index.php/ediciones-mna/articulo/el-gran-nayar.html.
Véase también el mito del diluvio en animación http://www.youtube.com/watch?v=BYinSowpC0A
Ummæli
Skrifa ummæli
hojas al viento