"Finales y nuevos principios"


Vamos a concentrarnos en esta imagen.
Quizá puedes darme tu mano y caminar conmigo a la orilla.
No digas que es un mar de papel.
No pienses en una fotografía ni oses darle vuelta a la página.

Hoy llegamos juntos aquí, al mar.

La frase dice así "resulta que llegué, miré el mar y era marzo".

Vamos a darle fecha a este espacio... al momento en el que decidimos cerrar una puerta para poder ser capaces de abrir otras.

Elena Garro decía "vivir es un trabajo arduo y hallarse en el mar es tan sólo una pausa".

Hoy necesitamos de esa pausa, y necesitamos no hablar, no hace falta que me digas nada, sólo hace falta que estemos acompañados en silencio, pero que sepas bien que estoy a tu lado. Que observo y escucho ese mar, ahí también, en tu corazón.

Ayer pensé en un frase, "el paisaje cambia, pero no nuestro corazón". Y una amiga me preguntó, "¿Crees que es posible sanar el corazón cambiando de paisaje?"

Yo te hago la pregunta a ti, ¿crees que es posible sanar el corazón cambiando de paisaje?

Desde hace unos años, mis propias pérdidas y mis propias búsquedas me han llevado a un encuentro con múltiples posibilidades de abrir nuestro corazón...

Un día amé quizá no con toda la madurez que implicaba amar a una persona "difícil", aunque cabría preguntarnos, si elegimos en los demás una proyección de nosotros mismos pues qué tan "difícil" puedo ser también yo... en fin. Una mañana las cosas se salieron de control, el Universo no se detuvo, pero se cimbró ante nuestras palabras, ante la ofensa y el dolor... de pronto, me vi sola en la habitación, invadida de un mar de llanto y tuve la sensación de ver a mi propio corazón escapándose por la ventana.

Tras ella, el cielo, azul y limpio, entonces, en un acto instintivo me puse de pie pidiéndole al corazón que se quedara aquí dentro... ya que fui consciente de que no nos podíamos fugar por aquella ventana, tomé una ducha, me preparé el desayuno y comencé mi duelo.

Mi duelo me ha llevado por varios años a buscar "geografías sagradas", espacios santificados, y sí, espacios que curen. Pero no se puede cambiar de paisaje, de trabajo, de amores, de personas, de casas, esperando con ello olvidar, sanar, cerrar ni perdonar.

El primer espacio sagrado desde donde inicia la sanación es el corazón, y éste sólo se puede sanar en oración.

Orar, meditar... hacer de la palabra un puente que nos conecte con aquello que no dijimos, con aquello que no escuchamos, con aquello que no sabíamos.

No podemos sanar de raíz si no penetramos al fondo de uno mismo, y ese fondo que somos no nos pertenece a nosotros, a nuestra psique, a nuestro poder humano... El fondo sólo sabe un eterno creador, un Espíritu y una luz que originó esta historia que somos aquí en la Tierra.

No puedo hablar desde otro fundamento de acción que no sea mi propio final y mis propios principios... es por ello que te invito a orar frente al mar, el mar simbólico, el mar de una imagen, y el mar con su inmensidad que es nuestra alma... convertirnos de inicio en buzos.

Hallando perlas, tesoros abandonados, y quizá también, mensajes divinos en botellas olvidadas.

Después podemos comenzar a vivir la geografía de otro modo, el viaje que es la vida misma,hacia nuevos puertos, pero guiados siempre desde un único faro, nuestra fe en Dios.

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Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: