Feministas y Religiosas (o no) Respuestas teológicas ante dudas contemporáneas

¿Se puede ser feminista y católica en México y en América Latina?
¿Es factible cambiar el sistema patriarcal de la iglesia en nuestros tiempos?
¿Se quiere hacer este cambio? ¿Se puede ser feminista y religiosa y adecuarse al mismo tiempo a las normas de la institución patriarcal de nuestro tiempo?

Religiosa de Las Beatitudes, en danza, oración y alabanza. Comunidad de las Bienaventuranzas, Francia. 

 Feministas y Religiosas (o no) Respuestas teológicas ante dudas contemporáneas 

A Nelson Rivera 

Cuando uno se pregunta en dónde radica lo sagrado, qué es el misterio, qué quieren decirnos los textos místicos de manera personal (como la Biblia) y no desde la interpretación de alguien más (como un sacerdote en la homilía o un religioso dentro de algún curso o retiro); sino cuando uno mismo -previo momento de reflexión espiritual (ya que si se parte del racionalismo todo esto sólo sería viable si nuestro objetivo es filosófico, histórico, sociológico, quizá psicológico o antropológico), pero, si uno quiere ahondar en temas que implican la palabra “fe”… entonces, uno necesita un aparato de estudio desde la reflexión teológica.

La teología no sólo nos ayuda a encontrar respuesta a los “vacíos” del párrafo anterior, sino a aprender a hacernos preguntas desde nuestro papel como actores de un momento histórico específico, y sobre todo, desde dentro de un ejercicio de credo religioso.
Empecemos, ¿Qué es una persona feminista y qué es una persona religiosa? Ambas parten de una labor ideológica y de ella devienen formas específicas de vivir el mundo.

La feminista lucha por igualdad de oportunidades frente al hombre desde el reconocimiento de la diferencia y el respeto a formas de vivir el hecho femenino desde diversas trincheras. Históricamente las mujeres feministas reclaman al sistema patriarcal una deuda de reconocimiento, de respeto y de reinterpretación de ellas mismas.

Religiosa es la mujer que se sumerge en un mundo donde lo que impera no siempre va a tener como fundamento la fe, sino una forma de enfrentar la realidad desde el ejercicio que la institución religiosa le demarque (existen demasiadas congregaciones religiosas con muy variados carismas). Es importante aclarar que las feministas no son un grupo que comparte un alfa y un omega de concepciones similares, de hecho cada grupo feminista se reserva sus diferencias y sus intensidades.

Un grupo de feministas puede ondear la bandera de una mujer en particular y esta mujer puede no considerarse a sí misma una “feminista”. Así que, tengamos claro, el concepto de feminista siempre dependerá de la mujer que se precie de serlo. Hoy por hoy conozco un variado abanico de “religiosas feministas” en mi país y puedo responder que sí se puede ser ambas cosas en América Latina siempre y cuando estas mujeres se encuentren en el espacio correcto y es incluso proporcional al grupo de mujeres feministas no-religiosas que también formen parte de ese país.

Las feministas, religiosas o no, abundan, se enfrentan, marchan, protestan, se desarrollan y crecen en las capitales, el logro de sus luchas es directamente proporcional, aquí voy de nuevo, al lugar en el que se encuentren. En un pueblo, en territorios pequeños, ¿cuánto conseguirá una feminista -religiosa o no- si la mayoría de la sociedad no se siente incómoda, o es más, ni siquiera se ha cuestionado su función frente al hombre? Existen millones de mujeres que pueden vivir en una relación de inter-dependencia frente al hombre y por decenas de razones vivir así el resto de sus días, y esto es ante todo un hecho cultural.

Muchas de las religiosas en México no se cuestionan su lugar en la institución religiosa porque culturalmente están acostumbradas a esas jerarquías horizontales en donde ella obedecerá, por amor a Dios, por obediencia al Otro, por castidad a sus ideas. Fin.

Las personas tienden a rebelarse en mayor medida en las ciudades grandes, en las ciudades que no duermen… por eso las mujeres-feministas-religiosas-o-no, consiguen exponer sus ideas y defender su ser quien son cuando hay interlocutores capaces de cuestionar, no a ellas, sino a ellos mismos sobre si vale la pena o no resolver las inconformidades históricas de la mujer y con eso, los resultados que su postura “masculina” le ha dejado en parámetros de bienestar personal.

El sistema patriarcal de la iglesia cambiará en la medida en que cambie no nuestro discurso, cambiará no en la medida en que se consigan mejores formas para rebelarse, cambiará no porque se otorguen más doctorados a las mujeres o mejores puestos profesionales; el sistema patriarcal cambiará en la medida en que nazca un sistema matriarcal pensado desde el corazón, no desde la defensa intelectual de la mujer.

El andar de la mujer sobre la tierra, si se quiere pensar desde el respeto a la diferencia frente al hombre, es un andar sumamente distinto. Porque hablamos de una “Madre” Tierra, lo femenino es receptáculo y es creación. ¿Sacerdotisas en la iglesia católica? Por supuesto, desde los tiempos de Jesús se conoce el papel de la mujer en la iglesia doméstica, no se puede celebrar el Misterio del Amor si no es desde el corazón, desde casa.

La iglesia es una mujer en sí misma, podemos partir desde su construcción arquitectónica hasta volver al receptáculo que acoge el misterio eucarístico como un seno materno y entenderemos que es mejor que sea un hombre el que consagre. Entonces corrijo, sacerdotisas en la iglesia doméstica universal (recordemos que “católico” quiere decir “universal”) mujeres que consagren su cuerpo y su sangre por amor a la humanidad en sus comunidades, en sus trincheras… y en sus hogares.

No parto de una tendencia machista, es necesario aclarar que pienso que hombres y mujeres son complementos, no mitades, pero cada uno descubre su función íntima y personal en un camino que lleva mucho tiempo y mucho esfuerzo. Y ninguna actitud de vida es privativa de un sexo, del género en el que se haya nacido, como decir que si se es hombre se es fuerte y si se es mujer se sea débil.

Y tampoco hablo de la Iglesia como institución, porque eso en mi caso sería hablar de política, hablo de la Iglesia como territorio sagrado, en donde se vive el misterio, en donde se escucha la voz interna, en donde no hay jerarquías. Un sitio de encuentro desde el Silencio a la única voz que vale la pena escuchar.

Una mujer religiosa, desde mi perspectiva, es una profesión. Una mujer que sabe servir, que sabe darse y en la misma medida defender lo que es, eso es ejercer no el feminismo, sino una vocación. Nuestra vocación de plenitud, y no de rompecabezas histórico.


 • Próximos temas, “el camino de la mujer en la historia de la salvación”


Sofía Blm, 24 de marzo, 2013.

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