Una tarde en la Colonia Roma

Alguna vez, de pronto, me despierto: 
Un dolor me recorre tenazmente,

un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
Entonces tengo miedo.
Entonces, me doy cuenta que estoy sola
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo
lleno de mis imágenes,
de rostros polvorientos.



 

 Estoy sola, pero siempre estoy sola: 
Es lo único cierto. 
El amor era un huésped, 
la soledad es siempre el compañero 
que permanece al lado, inconmovible. 
Lo único seguro, verdadero. 
Oigo mi corazón, vieja campana 
que dobla y que golpea, 
que rebota en las sienes y en la nuca 
y en la boca y los dedos. 




Unos dirán: Yo sé, la he conocido, 
fue una ardiente rebelde, 
se desolló las manos y la vida 
por defender los que creyó más débiles.

Lo único seguro, verdadero. 

Oigo mi corazón, vieja campana 
que dobla y que golpea, 
que rebota en las sienes y en la nuca 
y en la boca y los dedos. 



Otros dirán: Yo sé, la he conocido, 
era dura, malévola, 
avara de ternura, con la boca 
mostraba su desprecio. 
Alguien dirá: Y cómo sonreía... 
Qué importa 
lo que vendrá después del gran silencio. 
que dobla y que golpea, 

que rebota en las sienes y en la nuca 
y en la boca y los dedos. 




Es cierto, tengo miedo. 

Miedo de no poder gritar, de pronto, 
de que ya sea demasiado tarde 
para un ruego. 
La costumbre ahoga las palabras 
y alarga el desencuentro. 
Ah, tantas cosas quedarán ocultas, 
perdidas, sin recuerdo, 
tantas palabras que no fueron dichas, 
tantos gestos. 





Claro que tengo miedo. 
Así, en la madrugada 
mientras algún dolor -un dolor, siempre- 
va hincando sus agujas en mi cuerpo, 
abro las manos en la sombra dulce 
para atrapar mi soledad, de nuevo, 
y me quedo a su lado, sin moverme, 
con los ojos abiertos 
la vida detenida. 
Toda mi sangre es un temor inmenso.








Julia Prilutszki, Alguna vez, de pronto, me despierto


Mi tristeza no es tal, recorro las calles como yo soy recorrida por la tarde... es una danza, el poema sólo un eco de una soledad que se contempla en los pasos y en el silencio, pero sé caminar con él, sin ninguna nostalgia, sólo que hay poetas que así me habitan, las palabras de otros... la música en el viento.

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: