De la cuenta de los días
Visitaba, de vez en cuando, el sitio que un día abandono.
Se acercaba sigilosamente a sus ventanas
con solo abrir su corazón.
Abría las cortinas de forma lenta y con precaución
de tal manera que al cerrar los párpados y mirar a su interior
sus ojos eran ese par de dedos descorriendo aquel telón.
Metía su nariz para rescatar ese olor,
el de los recuerdos humedecidos y ecos perdidos
en algún rincón.
Las hojas del árbol pintado en la pared se caen
sin pretender ser notadas por nadie
los habitantes sonámbulos lo último que miran
es el color de las paredes, murales, grietas,
líneas perdidas de cualquier cuento escrito en la pared.
Ella visita de vez en cuando sus hojas de papel
Ella mira hacia la izquierda de reojo y se encuentra
de nueva cuenta sentada en la azotea,
tercer piso, edificio verde, lozas amarillas.
Quien no deja de atisbar a su centro, al cielo,
a sus noches, a sus estrellas y sus nuevas cartografías
es un diminuto satélite que aparece a lo lejos...
y según sus fases le dicta la cuenta de los días
en las que ella a veces pone su fe, su esperanza
su faena diaria.
Pero el pequeño satélite está escrito en el caparazón
de un tortuga... en la línea destejida de la bufanda,
en la taza de café...
No hay manera de terminar un poema que inicia
tras cada respiración.
10.12.12.bela.
Ummæli
Skrifa ummæli
hojas al viento