Lo que el año no se llevará es una cordillera cerca del cielo

 Cordes-sur-ciel, Tarn-France





Por estas callecitas de cuento medieval caminé la primavera llena de un invierno que sólo nevó el paisaje en mis ojos mientras mi corazón estuvo más invadido de sol que en muchos otros rincones a cielos abiertos. Es sencillo de entender, amanecí en febrero del 2012 en una Cordillera sobre el Cielo. Los sueños se despiertan, pero ellos nos saben que yo tiempo antes los velo para estar muy atenta a su llegada.


Recorrí esta tierra, sus alrededores, al lado de compañías con alas... los miraba con mis ojos maravillados porque iban a mi lado porque me hablaron en diversas lenguas y la fe me enseñó la que no recordaba, un lenguaje que venía del alma. Por años había descubierto ese lenguaje envuelto en silencio. Cordes sur ciel le dio voz, le dio rostros... Y me enseñó a respirar.


Algunas tardes, en cambio, la necesidad variaba. Salir del monasterio después de las horas de estudio en la torre... hacerme la trenza a un lado, abrigarme acompañada de la cámara... y salir por un helado al pueblo bajando la montaña, para volverla a subir y llegar después de la plaza del Reloj al mirador... a posar los ojos de ave... las alas... el corazón. El corazón vivo y temblando. Rebosante de vida.


Las rutas me llevaron a los pueblos vecinos y a ciudades antiguas en bici, mi querida bici que se queda como un tesoro que me espera en un pequeñito taller del amigo que se convirtió en guardián, confidente y enviado especial... en auto... sobre mis pies... en tren. Este camino me llevaba al centro del corazón. En lo alto de la cordillera, escondido e imponente, entre sus enormes muros de piedra... el Couvant de Cordes. Mi hogar.


Así que esa luna, esa puerta, esa niña que mira las luces de la pequeña aldea encendida... soy yo... y la historia relatada en esa imagen pertenece al avión que perdí en Toulouse, porque, "Me perdí en su luz"... y esa luz me hizo volver de nuevo al origen... Y encontrarme con el mensaje que faltaba... entre otras cosas. Pero esa última parte merece un título especial.

Yo también podría recorrer algunas partes del mundo dando testimonio del amor que me hizo renacer... y aspirar a las cosas del cielo.

"L' hazard a une grand D... le D de Dieu".

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: