hogares y hogueras

Tal vez fue después del desierto cuando comencé a interesarme por las casas.
Las ciudades, las calles y las aceras perdieron su funcionalidad... Lloraba al llegar la noche y subir a la azotea para mirar en aquel entonces la ciudad de Puebla desde otra perspectiva. Lloraba entre la ropa tendida, los perros vecinos, y mi compañero de noches y días que me decía, vamos flaquita ya no llores.

Tal vez, después de la desterritorialización fue cuando comencé a interesarme por un compromiso.

Por crearme un camino para mí.

No funcionó.

Quizá, al tener mi propia casa y vivirlo desde su azotea en lunas llenas, solitarias y lejanas, fue que comencé a interesarme por los hogares, dentro del corazón.

Una vez que mis intereses se volcaron sobre un hogar, comencé a pensar en las hogueras.

Hoy en día, a mí, que no me gusta diferenciar del todo vida personal de trabajo, ni ligar trabajo con tareas obligatorias no divertidas... yo, aquella que se fue, ahora vive para cuidar casas que sin ser suyas las convierte en hogares, en hogueras.

Sin desiertos, sin calles, sin papeles, sólo lunas, ciclos de luna.

Ummæli

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Poemas de Ana Blandiana

Acerca de lo que yo aprendí al caminar entre ruinas: