De la selección mensual de Noctambulario.blogspot.com
Monólogo en tercera persona
No cambiaría tu recuerdo
por tu presencia.
Pídele al otro que vuelva:
al desconocido
que arde para siempre bajo el sol de La
Habana.
Pídele que baile desnudo como un tonto
que persiga rabioso tu alegría
que tome el autobús
y en medio de la gente
te diga que está a punto de bajarse
porque eres una puta inaguantable.
Pídele a esa isla
a la que nadie te invitó:
la cerradura inmóvil
donde solo pueden verse los amantes.
Pídele una croqueta
unos zapatos de vieja
el largo camino de la entrega
y la canción que persigue incansable
la distancia entre el Malecón y el mundo.
Pídele lo que ya has perdido.
Pídele un padre para tus hijas
el gesto único que se anticipa al deseo
y los años que se esfuman
con el cuerpo mutilado del olvido.
No cambiaría tu recuerdo
por tu presencia.
Pídele al otro que vuelva:
al desconocido
que arde para siempre bajo el sol de La
Habana.
Pídele que baile desnudo como un tonto
que persiga rabioso tu alegría
que tome el autobús
y en medio de la gente
te diga que está a punto de bajarse
porque eres una puta inaguantable.
Pídele a esa isla
a la que nadie te invitó:
la cerradura inmóvil
donde solo pueden verse los amantes.
Pídele una croqueta
unos zapatos de vieja
el largo camino de la entrega
y la canción que persigue incansable
la distancia entre el Malecón y el mundo.
Pídele lo que ya has perdido.
Pídele un padre para tus hijas
el gesto único que se anticipa al deseo
y los años que se esfuman
con el cuerpo mutilado del olvido.
María Montero Zeledón
Hay días
Hay días en que creemos
que toda la basura del mundo nos cae
encima. Luego
al salir al balcón vemos
a los niños corriendo por el muelle
mientras cantan.
No sé sus nombres. Uno
u otro se parece a mí.
Quiero decir: al que fui
cuando llegué a ser
luminosa presencia de la gracia
o de la alegría.
Una sonrisa se abre entonces
en un verano antiguo.
Y dura, dura aún.
que toda la basura del mundo nos cae
encima. Luego
al salir al balcón vemos
a los niños corriendo por el muelle
mientras cantan.
No sé sus nombres. Uno
u otro se parece a mí.
Quiero decir: al que fui
cuando llegué a ser
luminosa presencia de la gracia
o de la alegría.
Una sonrisa se abre entonces
en un verano antiguo.
Y dura, dura aún.
Eugenio de Andrade
Ummæli
Skrifa ummæli
hojas al viento