"Nadie le dice a un árbol cómo crecer"
Solamente lo plantas, con mucha responsabilidad... encontrar la buena tierra, el lugar apropiado, las condiciones de clima necesarias. Y él crece.
Tú lo observas, le hablas con cariño, lo acaricias y podas aquellas hojas que no se levantan, las que se secan.
Mueves la tierra, observas el alimento, los gusanos, un poco de composta. Y él crece.
Si es necesario se transplanta. Se cuida del sol, del viento, de las aguas.
Se cultiva junto con él el arte de la paciencia.
Y así, solito crece.
A un árbol no se le grita, no se le deja a la interperie. No se le agrede.
Se le ama, se le habla, se le acompaña.
Erendida vino de D.F hace 5 meses con Juanito y con Abril, en la zona donde vivían, un día los niños desaparecían y más tarde eran devueltos con una costura desde la barbilla hasta el estómago. Diez mil pesos en un sobre y un mensaje "gracias por tu donación".
A sus hijos, desde un auto les estaban tomando fotografías, varios vecinos, cuando ella regresó de su jornada de trabajo le pasaron el dato "Eréndida, estos días hemos visto un auto, a tus hijos les han estado tomando fotos".
Cuando ella tenía cuatro meses de embarazo de Juanito, su mamá falleció de cáncer. Quince días antes de dar a luz, su esposo falleció en un accidente de auto.
Eréndida tomó sus papeles, un poco de ropa, revisó los costos en avión para venir a Quintana Roo, con su papá, que aquí cerca en un pueblo trabaja reparando autos... y al día siguiente, ella y sus dos pelirojos, ya estaban aquí.
Ella quiere que Juanito crezca feliz, Abril, es una niña feliz, responsable y madura. Pero el niño ha recibido noticias como golpes desde que estaba en el vientre, tiene una ternura que al siguiente instante la revierte en golpes y patadas.
Juanito es un árbol que fue trasplantado y hay que cuidar muy de cerca, con tanto amor y firmeza, para que los golpes no le lleguen de frente, pero tampoco él los provoque.
Esta tarde iré a visitarlo.
Tú lo observas, le hablas con cariño, lo acaricias y podas aquellas hojas que no se levantan, las que se secan.
Mueves la tierra, observas el alimento, los gusanos, un poco de composta. Y él crece.
Si es necesario se transplanta. Se cuida del sol, del viento, de las aguas.
Se cultiva junto con él el arte de la paciencia.
Y así, solito crece.
A un árbol no se le grita, no se le deja a la interperie. No se le agrede.
Se le ama, se le habla, se le acompaña.
Erendida vino de D.F hace 5 meses con Juanito y con Abril, en la zona donde vivían, un día los niños desaparecían y más tarde eran devueltos con una costura desde la barbilla hasta el estómago. Diez mil pesos en un sobre y un mensaje "gracias por tu donación".
A sus hijos, desde un auto les estaban tomando fotografías, varios vecinos, cuando ella regresó de su jornada de trabajo le pasaron el dato "Eréndida, estos días hemos visto un auto, a tus hijos les han estado tomando fotos".
Cuando ella tenía cuatro meses de embarazo de Juanito, su mamá falleció de cáncer. Quince días antes de dar a luz, su esposo falleció en un accidente de auto.
Eréndida tomó sus papeles, un poco de ropa, revisó los costos en avión para venir a Quintana Roo, con su papá, que aquí cerca en un pueblo trabaja reparando autos... y al día siguiente, ella y sus dos pelirojos, ya estaban aquí.
Ella quiere que Juanito crezca feliz, Abril, es una niña feliz, responsable y madura. Pero el niño ha recibido noticias como golpes desde que estaba en el vientre, tiene una ternura que al siguiente instante la revierte en golpes y patadas.
Juanito es un árbol que fue trasplantado y hay que cuidar muy de cerca, con tanto amor y firmeza, para que los golpes no le lleguen de frente, pero tampoco él los provoque.
Esta tarde iré a visitarlo.
Ummæli
Skrifa ummæli
hojas al viento