Luna llena=mujer intolerante
El lunes pasado desperté 4.30 am, esa es mi hora porque nací a las 4am... así que es una buena hora para iniciar viajes.
Caminé por la isla a oscuras... ni el viento ni los gatos ni rastros de cangrejos... Miré hacia atrás y sobre el cielo negro la luna carmesí... enojada, abandonada en el cielo. Sin un amor para consolar, sin navegantes para iluminar... sola y sangrando.
Tomé el ferry de las 5am. Tomé un bus de Chiquilá a Kantunilkin y cuarenta minutos despues, amaneció.
Me olvidé de la luna porque al bajar del bus había sol y bruma y el amigo de la mágica sonrisa que me esperaba para salir "huyendo" en auto hacia Cancún.
Después de casi dos meses en una isla, salir fue correr hacia la promesa de los brazos abiertos...
Son de aquellos días en donde nada sobra y nada falta, todo está en su lugar y yo en el mío.
Al volver a la isla volví a mi luna llena que me mantuvo intolerante conmigo misma... un acorde desafinado.
Pero la vida siempre ha sido buena conmigo, comencé a recibir en la azotea de la casa masaje thai...
Pienso en "La mujer rota" de Simone de Beauvoir y en "La mujer comestible" de Margaret Atwood,
mi cuerpo ha pendido entre estas dos novelas... así así mi vida.
Es hora de dejar de ser postre, ni siquiera entrada principal, es hora de dejar de ser comestible.
Y lo roto...
eso le vengo juntando pieza por pieza, yo y mis pequeñitas manos.
La luna está envidiosa.
Caminé por la isla a oscuras... ni el viento ni los gatos ni rastros de cangrejos... Miré hacia atrás y sobre el cielo negro la luna carmesí... enojada, abandonada en el cielo. Sin un amor para consolar, sin navegantes para iluminar... sola y sangrando.
Tomé el ferry de las 5am. Tomé un bus de Chiquilá a Kantunilkin y cuarenta minutos despues, amaneció.
Me olvidé de la luna porque al bajar del bus había sol y bruma y el amigo de la mágica sonrisa que me esperaba para salir "huyendo" en auto hacia Cancún.
Después de casi dos meses en una isla, salir fue correr hacia la promesa de los brazos abiertos...
Son de aquellos días en donde nada sobra y nada falta, todo está en su lugar y yo en el mío.
Al volver a la isla volví a mi luna llena que me mantuvo intolerante conmigo misma... un acorde desafinado.
Pero la vida siempre ha sido buena conmigo, comencé a recibir en la azotea de la casa masaje thai...
Pienso en "La mujer rota" de Simone de Beauvoir y en "La mujer comestible" de Margaret Atwood,
mi cuerpo ha pendido entre estas dos novelas... así así mi vida.
Es hora de dejar de ser postre, ni siquiera entrada principal, es hora de dejar de ser comestible.
Y lo roto...
eso le vengo juntando pieza por pieza, yo y mis pequeñitas manos.
La luna está envidiosa.
Ummæli
Skrifa ummæli
hojas al viento