Destejiendo el tiempo
Tejes, y destiñes.
Ocupas tus mañanas en hilar:
desenredas largas hebras
las llevas a tus manos y después
de una hora de vueltas y
extrañas danzas, terminas tu tarea.
El hilo está desenredado,
comienzas a tejer.
En otra orilla se tiñen otros paisajes
a punto de tejer una historia
turquesa, silenciosa...
en donde resplandecen con intensidad
los cielos, y los océanos...
los peces, las flores y las aves.
Las nubes y la luna:
también tejen,
mientras navegan
destejiendo el tiempo.
Sofía Clevit, 6 de abril, 2011
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