La lítost según Kundera

La lítost según Kundera
Qué particular resultar tomar a un libro entre las manos cuando nadie antes nos habló de él. A mi nadie me dijo “tienes que leer a Kundera”… simplemente entiendo que hay tantos libros como escritores que esperan que nuestra vida macere las experiencias necesarias para llegar un día e instalarse frente a nuestras manos vacías, y a nuestros ojos despoblados de ideas ni sorpresas. Así me pasó pues con Kundera… nos encontramos en un pasillo de la biblioteca, debió escuchar entre mis silencios precisamente los gritos contenidos porque me agaché, pasé mi dedo sobre los lomos buscando un título desconocido que saltase entre los demás, y de repente me encontré con La ignorancia, el primer libro que leí de este autor, al par de días regresé por La despedida, y después del fin de semana volví por El libro de la risa y el olvido, y justo aquí lo tengo, sobre mis piernas, la base del escritorio me sirve para atorar sus hojas mientras transcribo la página 237.

“El hombre sabe que no puede abarcar el universo con su sol y sus estrellas. Lo que le parece mucho más insoportable es estar condenado a dejar pasar de largo también al otro infinito, al cercano, al que está al alcance de la mano. Tamina dejó pasar al infinito de su amor, yo dejé pasar a papá y cada uno deja pasar a su propia obra porque en busca de la perfección hay que ir hacia adentro de las cosas y nunca se llega hasta el final.
El que se nos haya escapado el infinito exterior lo tomamos como un sino natural. Pero el haber dejado escapar al otro infinito lo consideraremos hasta la muerte como culpa nuestra. Pensábamos en el infinito de las estrellas y no nos ocupábamos del infinito de papá.
No es de extrañarse que las variaciones se hayan convertido en el amor de Beethoven mayor, maduro, que sabía muy bien (como lo sabe Tamina y lo sé yo) que no hay nada más insoportable que dejar pasar de largo al hombre que hemos amado, a esos dieciséis compases y al universo interno de sus posibilidades infinitas”.
Alguien se me está yendo de a poco, los días del calendario pasan uno a uno detrás hacia delante. Mi universo interno comienza a desprender sus posibilidades infinitas, yo no sé éstas a dónde irán a parar, pero mientras tanto, un buen libro en los más difíciles momentos, aparece. Y me explica lo que esperaba no fuera silencio…
Esa voz que habla en la cita en primera persona es justamente el autor, este libro es en gran medida sus propias memorias. Tamina es un personaje que abiertamente él crea hacia la mitad de la novela para explicarse al lector lo que es ser lector. Cada uno de nosotros es una Tamina, a quien el autor le propone olvidar sus olvidos. Todos hemos al final emigrado de una tierra, de una “patria”, y hemos llegado a otro lugar a comenzar donde nos quedamos aunque crean todavía algunos que se pueda comenzar de nuevo. Existen pues, distintas miradas de un mismo suceso, lo que convierte a dicha circunstancia en sólo un fragmento de una historia infinita, que no acaba.
Las calles cambian sus nombres según las épocas y uno cree que ha evolucionado a la par que el cambio de nombres y al final, no fue así. Kafka continúa apareciendo una y otra y otra vez en cada historia que se escribe sobre Praga, y Praga es al mismo tiempo un micro-universo contenido en las páginas de los libros que vayamos descubriendo de Kundera.

Y con ese descubrimiento sobrevienen página a página decenas más. Pareciera que el autor es una especie de político-filósofo-melancólico, que en sus propias palabras traduce del checo “lítost”, y con él nos descubre la forma única de comprender su mensaje.
Por supuesto que no se puede reducir a esto ni siquiera mi propia comprensión de esta novela… dejo este link para tener en cuenta otras razones más del propio autor frente a su escritura:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/KUNDERA/_MILAN_/ESCRITOR/Milan/Kundera/algo/detesto/literatura/tesis/comunista/anticomunista/igual/elpepicul/19820327elpepicul_5/Tes/
maadevihttp://www.blogger.com/profile/022783759745336536600

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